lunes, 10 de julio de 2017

Clase N° 4 /año 4 - martes 4 de julio 2017


 RUBÉN DARÍO:

EL WALT WHITMAN
DEL CASTELLANO
Retrato de Rubén Darío
Abajo, su firma y las portadas de sus tres obras fundamentales





En el “Mes de la Amistad en las Letras”, iniciamos estos cuatro martes de encuentros en julio. 

Porque como nos recuerda la vicepresidenta de la Fundación Argentina para la Poesía, Lidia Vinciguerra, en su mensaje por este mes y con la frase del poeta Luis García Montero: “Los buenos versos y las buenas definiciones contagian una felicidad despreocupada, un ámbito de luz frente al caos y la muerte, un orden frente a la rueda deslenguada de la fortuna”.

Este primer encuentro se lo dedicamos a Rubén Darío (1867-1916), escritor, periodista, diplomático y el gran poeta de América hispana, nuestro Walt Whitman.

¿Por qué Walt Whitman? Porque como aquél del Norte, Darío se construyó a sí mismo a partir del canto original y genial hacia la América toda, en este caso América Latina. A tal punto se construyó, que pensó su nombre poético y profesional con cinco letras tanto para el nombre como para el apellido, y entre las dos palabras están las cinco vocales del castellano: sonoridad, paralelismo pitagórico y colorido.

Ambos fueron efusivamente saludados por dos escritores de renombre en ese momento que les dieron sustento y espaldarazo con sus cartas: a Walt Whitman, Ralph Waldo Emerson; a Rubén Darío, Juan de Valera.

Rubén Darío fue el gran motor de visibilidad del primer movimiento literario y artístico de América en castellano: el Modernismo, que  extasió e influyó en los miembros de la española Generación del ´98. Es que América Latina comenzó a ser, a tener entidad mítica, mágica y legendaria, gracias al Modernismo. Fue el escritor de mayor influencia en las letras hispanoamericanas hasta la llegada de Borges y García Márquez, el segundo gran movimiento latinoamericano, el Boom; pero esa es otra historia. 

Precisamente, nos visitó para contarnos acerca del que fue llamado “Príncipe de las Letras Castellanas” y “Padre del Modernismo” su bisnieto, Martín Rubén Jesús Katz Darío, arquitecto argentino, quien hace solo dos años –nos contó allí– abrazó con total fervor la difusión de la vida y obra de su gran bisabuelo.

Su bisnieto, Martín Katz Darío

Resultó una gratísima charla, a sala llena en el 4to piso de la Sociedad Argentina de Escritores de la calle Uruguay; un contrapunto que mágicamente fue entretejiéndose entre la poesía y la biografía. Como buen arquitecto, trajo maquetas, láminas con fotos y poemas. Y las casi dos horas se nos pasaron volando.

Hablamos de todo: de la precocidad de Rubén Darío, de que a los 3 años ya leía, a los 15 años estaba al frente de la redacción de un diario y a los 21 publicaba en Chile su primer gran poemario, Azul, 1888. Del apellido Darío, que lo adoptó conformándose un nombre y una personalidad, y que heredaron sus descendientes. De su originalidad poética, impronta e influencia a más de una generación; de sus hijos literarios: Leopoldo Lugones, Antonio Machado, Pablo Neruda, Alfonsina Storni, por citar sólo a unos poquísimos.

De sus otras dos grandes obras poéticas: Prosas profanas, 1896, y Cantos de vida y esperanza, 1905. De su prematura muerte en León, su querida ciudad nicaragüense. De que Metapa, donde nació, se llama desde 1920 Ciudad Darío. 

De su idolatría por la poesía francesa y especialmente por Verlaine. Del exotismo, del simbolismo del cisne, los mares, los barcos; del recurso más importante utilizado por él: la sinestesia de imágenes auditivas y visuales, de su amor cromático y musical. 

De sus poemas eróticos, de que consideraba el erotismo casi como una religión. De que en este 2017, más precisamente el 18 de enero pasado (fecha también de mi cumpleaños, oh casualidad del destino), se cumplieron 150 años de su nacimiento. Que el año pasado, el 6 de febrero, fue el centenario de su muerte, 1916.

De sus tres mujeres importantes en su vida, una de ellas –Rafaela Contreras, más conocida por el hipocorístico de Stella, bisabuela de nuestro invitado, que brilló con luz propia y murió tan joven–; que era muy enamoradizo o, tal vez, enamorado del amor. Del crucifijo que le regaló Amado Nervo, que portó toda la vida, a pesar de su gran vínculo con el paganismo grecorromano y el esoterismo.

Que fue una gran bengala, un astro que iluminó y sigue haciéndolo desde lo poético, que vivió al extremo sus 49 años –sí, sólo 49 años, como otro grande, Edgar Allan Poe– viajando, escribiendo poemas y crónicas, tomando alcohol, haciendo vida bohemia.

Hablamos de su posición política respecto de Estados Unidos, de su posición de escritor comprometido. Que vivió tiempos de miseria y tiempos de gran holgura económica, de pasar de no tener qué comer a hospedarse en los hoteles más lujosos. Que el trabajo más estable que tuvo en toda su vida fue haber sido corresponsal del diario La Nación de Buenos Aires durante décadas. Que cubrió periodísticamente por ejemplo la Guerra entre España y Estados Unidos de 1898 y la Exposición Universal de París de 1900, en la que se inauguró la torre Eiffel. Que amó sobremanera a la Argentina, porque aquí nunca se lo discutió y tuvo grandes amigos y grandes seguidores, y que le dedicó –en tanto poeta cívico– el Canto a la Argentina para el centenario. Que vivió en la Isla Martín García. 



Aquí los poemas que fueron leídos.

Los copiaré-pegaré todos luego más abajo, pero aquí pondré algunos de los comienzos más famosos y populares de esos poemas. Porque Rubén Darío fue tan pero tan popular que en los años de las décadas del ´40/´50 no había niño/niña que no recitara un poema de él:

Por ejemplo:

La princesa está triste, ¿qué tendrá la princesa? …



Yo soy aquel que ayer nomás decía
el verso azul y la canción profana…


Dichoso el árbol, que es apenas sensitivo,
y más la piedra dura, porque esa ya no siente…



Juventud divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!...



SONATINA

La princesa está triste... ¿Qué tendrá la princesa? 
Los suspiros se escapan de su boca de fresa, 
que ha perdido la risa, que ha perdido el color. 
La princesa está pálida en su silla de oro, 
está mudo el teclado de su clave sonoro, 
y en un vaso, olvidada, se desmaya una flor. 

El jardín puebla el triunfo de los pavos reales. 
Parlanchina, la dueña dice cosas banales, 
y vestido de rojo piruetea el bufón. 
La princesa no ríe, la princesa no siente; 
la princesa persigue por el cielo de Oriente 
la libélula vaga de una vaga ilusión. 

¿Piensa, acaso, en el príncipe de Golconda o de China, 
o en el que ha detenido su carroza argentina 
para ver de sus ojos la dulzura de luz? 
¿O en el rey de las islas de las rosas fragantes, 
o en el que es soberano de los claros diamantes, 
o en el dueño orgulloso de las perlas de Ormuz? 

¡Ay!, la pobre princesa de la boca de rosa 
quiere ser golondrina, quiere ser mariposa, 
tener alas ligeras, bajo el cielo volar; 
ir al sol por la escala luminosa de un rayo, 
saludar a los lirios con los versos de mayo 
o perderse en el viento sobre el trueno del mar. 

Ya no quiere el palacio, ni la rueca de plata, 
ni el halcón encantado, ni el bufón escarlata, 
ni los cisnes unánimes en el lago de azur. 
Y están tristes las flores por la flor de la corte, 
los jazmines de Oriente, los nelumbos del Norte, 
de Occidente las dalias y las rosas del Sur. 

¡Pobrecita princesa de los ojos azules! 
Está presa en sus oros, está presa en sus tules, 
en la jaula de mármol del palacio real; 
el palacio soberbio que vigilan los guardas, 
que custodian cien negros con sus cien alabardas, 
un lebrel que no duerme y un dragón colosal. 

¡Oh, quién fuera hipsípila que dejó la crisálida! 
(La princesa está triste. La princesa está pálida.) 
¡Oh visión adorada de oro, rosa y marfil! 
¡Quién volara a la tierra donde un príncipe existe, 
(La princesa está pálida. La princesa está triste.) 
más brillante que el alba, más hermoso que abril! 

-«Calla, calla, princesa -dice el hada madrina-; 
en caballo, con alas, hacia acá se encamina, 
en el cinto la espada y en la mano el azor, 
el feliz caballero que te adora sin verte, 
y que llega de lejos, vencedor de la Muerte, 
a encenderte los labios con un beso de amor».



  CANTOS DE VIDA Y ESPERANZA
              I
Yo soy aquel que ayer no más decía
el verso azul y la canción profana,
en cuya noche un ruiseñor había
que era alondra de luz por la mañana.
El dueño fui de mi jardín de sueño,
lleno de rosas y de cisnes vagos;
el dueño de las tórtolas, el dueño
de góndolas y liras en los lagos;
y muy siglo diez y ocho y muy antiguo
y muy moderno; audaz, cosmopolita;
con Hugo fuerte y con Verlaine ambiguo,
y una sed de ilusiones infinita.
Yo supe de dolor desde mi infancia,
mi juventud.... ¿fue juventud la mía?
Sus rosas aún me dejan su fragancia...
una fragancia de melancolía...
Potro sin freno se lanzó mi instinto,
mi juventud montó potro sin freno;
iba embriagada y con puñal al cinto;
si no cayó, fue porque Dios es bueno.
En mi jardín se vio una estatua bella;
se juzgó mármol y era carne viva;
una alma joven habitaba en ella,
sentimental, sensible, sensitiva.
Y tímida ante el mundo, de manera
que encerrada en silencio no salía,
sino cuando en la dulce primavera
era la hora de la melodía...
Hora de ocaso y de discreto beso;
hora crepuscular y de retiro;
hora de madrigal y de embeleso,
de «te adoro», y de «¡ay!» y de suspiro.
Y entonces era la dulzaina un juego
de misteriosas gamas cristalinas,
un renovar de gotas del Pan griego
y un desgranar de músicas latinas.
Con aire tal y con ardor tan vivo,
que a la estatua nacían de repente
en el muslo viril patas de chivo
y dos cuernos de sátiro en la frente.
Como la Galatea gongorina
me encantó la marquesa verleniana,
y así juntaba a la pasión divina
una sensual hiperestesia humana;
todo ansia, todo ardor, sensación pura
y vigor natural; y sin falsía,
y sin comedia y sin literatura...:
si hay un alma sincera, esa es la mía.
La torre de marfil tentó mi anhelo;
quise encerrarme dentro de mí mismo,
y tuve hambre de espacio y sed de cielo
desde las sombras de mi propio abismo.
Como la esponja que la sal satura
en el jugo del mar, fue el dulce y tierno
corazón mío, henchido de amargura
por el mundo, la carne y el infierno.
Mas, por gracia de Dios, en mi conciencia
el Bien supo elegir la mejor parte;
y si hubo áspera hiel en mi existencia,
melificó toda acritud el Arte.
Mi intelecto libré de pensar bajo,
bañó el agua castalia el alma mía,
peregrinó mi corazón y trajo
de la sagrada selva la armonía.
¡Oh, la selva sagrada! ¡Oh, la profunda
emanación del corazón divino
de la sagrada selva! ¡Oh, la fecunda
fuente cuya virtud vence al destino!
Bosque ideal que lo real complica,
allí el cuerpo arde y vive y Psiquis vuela;
mientras abajo el sátiro fornica,
ebria de azul deslíe Filomela.
Perla de ensueño y música amorosa
en la cúpula en flor del laurel verde,
hipsípila sutil liba en la rosa,
y la boca del fauno el pezón muerde.
Allí va el dios en celo tras la hembra,
y la caña de Pan se alza del lodo;
la eterna vida sus semillas siembra,
y brota la armonía del gran Todo.
El alma que entra allí debe ir desnuda,
temblando de deseo y fiebre santa,
sobre cardo heridor y espina aguda:
así sueña, así vibra y así canta.
Vida, luz y verdad, tal triple llama
produce la interior llama infinita.
El Arte puro como Cristo exclama:
Ego sum lux et veritas et vita!
Y la vida es misterio, la luz ciega
y la verdad inaccesible asombra;
la adusta perfección jamás se entrega,
y el secreto ideal duerme en la sombra.
Por eso ser sincero es ser potente;
de desnuda que está, brilla la estrella;
el agua dice el alma de la fuente
en la voz de cristal que fluye de ella.
Tal fue mi intento, hacer del alma pura
mía, una estrella, una fuente sonora,
con el horror de la literatura
y loco de crepúsculo y de aurora.
Del crepúsculo azul que da la pauta
que los celestes éxtasis inspira,
bruma y tono menor —¡toda la flauta!,
y Aurora, hija del Sol— ¡toda la lira!
Pasó una piedra que lanzó una honda;
pasó una flecha que aguzó un violento.
La piedra de la honda fue a la onda,
y la flecha del odio fuese al viento.
La virtud está en ser tranquilo y fuerte;
con el fuego interior todo se abrasa;
se triunfa del rencor y de la muerte,
y hacia Belén... ¡la caravana pasa!



LO FATAL

Dichoso el árbol, que es apenas sensitivo,
y más la piedra dura porque esa ya no siente,
pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo,
ni mayor pesadumbre que la vida consciente.

Ser y no saber nada, y ser sin rumbo cierto,
y el temor de haber sido y un futuro terror...
Y el espanto seguro de estar mañana muerto,
y sufrir por la vida y por la sombra y por

lo que no conocemos y apenas sospechamos,
y la carne que tienta con sus frescos racimos,
y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos,

¡y no saber adónde vamos,
ni de dónde venimos!...


CANCIÓN DE OTOÑO EN PRIMAVERA

Juventud, divino tesoro, 
¡ya te vas para no volver! 
Cuando quiero llorar, no lloro... 
y a veces lloro sin querer... 

Plural ha sido la celeste 
historia de mi corazón. 
Era una dulce niña, en este 
mundo de duelo y de aflicción. 

Miraba como el alba pura; 
sonreía como una flor. 
Era su cabellera obscura 
hecha de noche y de dolor. 

Yo era tímido como un niño. 
Ella, naturalmente, fue, 
para mi amor hecho de armiño, 
Herodías y Salomé... 

Juventud, divino tesoro, 
¡ya te vas para no volver! 
Cuando quiero llorar, no lloro... 
y a veces lloro sin querer... 

Y más consoladora y más 
halagadora y expresiva, 
la otra fue más sensitiva 
cual no pensé encontrar jamás. 

Pues a su continua ternura 
una pasión violenta unía. 
En un peplo de gasa pura 
una bacante se envolvía... 

En sus brazos tomó mi ensueño 
y lo arrulló como a un bebé... 
Y te mató, triste y pequeño, 
falto de luz, falto de fe... 

Juventud, divino tesoro, 
¡te fuiste para no volver! 
Cuando quiero llorar, no lloro... 
y a veces lloro sin querer... 

Otra juzgó que era mi boca 
el estuche de su pasión; 
y que me roería, loca, 
con sus dientes el corazón. 

Poniendo en un amor de exceso 
la mira de su voluntad, 
mientras eran abrazo y beso 
síntesis de la eternidad; 

y de nuestra carne ligera 
imaginar siempre un Edén, 
sin pensar que la Primavera 
y la carne acaban también... 

Juventud, divino tesoro, 
¡ya te vas para no volver! 
Cuando quiero llorar, no lloro... 
y a veces lloro sin querer. 

¡Y las demás! En tantos climas, 
en tantas tierras siempre son, 
si no pretextos de mis rimas 
fantasmas de mi corazón. 

En vano busqué a la princesa 
que estaba triste de esperar. 
La vida es dura. Amarga y pesa. 
¡Ya no hay princesa que cantar! 

Mas a pesar del tiempo terco, 
mi sed de amor no tiene fin; 
con el cabello gris, me acerco 
a los rosales del jardín... 

Juventud, divino tesoro, 
¡ya te vas para no volver! 
Cuando quiero llorar, no lloro... 
y a veces lloro sin querer... 
¡Mas es mía el Alba de oro!



SINFONÍA EN GRIS MAYOR

El mar como un vasto cristal azogado
refleja la lámina de un cielo de zinc;
lejanas bandadas de pájaros manchan
el fondo bruñido de pálido gris.
El sol como un vidrio redondo y opaco
con paso de enfermo camina al cenit;
el viento marino descansa en la sombra
teniendo de almohada su negro clarín.
Las ondas que mueven su vientre de plomo
debajo del muelle parecen gemir.
Sentado en un cable, fumando su pipa,
está un marinero pensando en las playas
de un vago, lejano, brumoso país.
Es viejo ese lobo. Tostaron su cara
los rayos de fuego del sol del Brasil;
los recios tifones del mar de la China
le han visto bebiendo su frasco de gin.
La espuma impregnada de yodo y salitre
ha tiempo conoce su roja nariz,
sus crespos cabellos, sus bíceps de atleta,
su gorra de lona, su blusa de dril.
En medio del humo que forma el tabaco
ve el viejo el lejano, brumoso país,
adonde una tarde caliente y dorada
tendidas las velas partió el bergantín...
La siesta del trópico. El lobo se aduerme.
Ya todo lo envuelve la gama del gris.
Parece que un suave y enorme esfumino
del curvo horizonte borrara el confín.
La siesta del trópico. La vieja cigarra
ensaya su ronca guitarra senil,
y el grillo preludia un solo monótono
en la única cuerda que está en su violín.



La Yapa

1- Canción de otoño en primavera, poema interpretado por Paco Ibáñez

2- Lo Fatal, interpretado por Luis Enrique Mejía Godoy 

3-A Roosevelt, recitado por Jorge Cafrune




El libro recomendado de la semana es:

Hispamérica - revista de literatura

Se trata de una prestigiosa revista académica de literatura, abocada a la difusión del latinoamericanismo. Fue fundada en Buenos Aires en 1971, y aparecieron aquí sus primeros veintidós números. Va ya por el 136, en su año XLVI de edición ininterrumpida. Hispamérica, revista de literatura –tal su nombre completo– trasladó su redacción a Estados Unidos, donde su fundador y director, Saúl Sosnowski, viajó a continuar sus estudios. 
Como revista académica, Hispamérica es nada convencional, variopinta y plural; conforma un particular espacio de diálogo latinoamericanista y, en ese sentido, de toma de posición, de apertura a nuevas voces, de búsqueda y exploración de los nexos de la interpretación. Con secciones tan dinámicas como recuperaciones (de reportajes a escritores), poesía, crítica, textos, entrevistas, ensayos, ficción, etc. Los autores que aparecen allí son de un espectro tan amplio que van desde los canónicos y hasta los emergentes.
Doctorado por la  Universidad de Virginia, Sosnowski dirigió durante veinte años el Departamento de Español y Portugués; en 1989 fundó el Centro de Estudios Latinoamericanos, que dirigió hasta 2008, y fue director de Programas Internacionales de la Universidad de Maryland desde 2000 a 2011.
Asimismo, es autor de: Julio Cortázar: una búsqueda mítica; Borges y la cábala: Senderos del verbo y Fascismo y nazismo en las letras argentinas, entre otros.
Entrevistó por ejemplo –y algunos de sus reportajes se encuentran en YouTube– a Jorge Luis Borges, Julio Cortázar, Carlos Fuentes, Manuel Puig, José Donoso, Augusto Roa Bastos, Adolfo Bioy Casares, entre muchos otros. 
Hispamérica es una publicación de aparición cuatrimestral en español, 128 págs, que circula sólo por suscripción: P. O. Box 2009/ Rockville, MD 20847, USA

* PS: 

Y en este link, que es del programa Los libros nos hablan, que conduce el editor Daniel Divinsky por Radio UBA FM 97.9 emitido el 19 de septiembre de 2016, Saúl Sosnowski se refiere a esta publicación y a varios aspectos vinculados con las revistas literarias. http://www.loslibroshablan.com/sauacutel-sosnowski.html





                                         Portadas de los dos más recientes números de Hispamérica


Aviso parroquial


Los esperamos los siguientes martes de julio, con este especial programa. Y este próximo, el 11 de julio, nos visitará el poeta y periodista Antonio Requeni, miembro de la Academia Argentina de Letras, quien se referirá a su poesía y a la creación. Y nos leerá sus poemas. Será una fiesta. 




¡Nos deseo una muy buena semana poética!




sábado, 1 de julio de 2017

Clase N° 3 /año 4 - martes 27 de junio 2017

MÁXIMO SIMPSON:

NUESTRO MÁXIMO ROJO VIOLÍN DESORBITADO


Poeta y Buenos Aires son palabras que caminan juntas por los adoquines. En Buenos Aires sentimos la nostalgia del territorio perdido –tantos son– entre el empedrado que está por debajo del asfalto, entre los intersticios rústicos y en las paredes que chorrean humedad, entre las capas de pinturas superpuestas y rascadas, allí donde si aguzás el oído y escuchás un tango silbado, allí donde al descuido crece feliz un yuyo mañero, allí estamos los poetas. 

Dedicamos esta clase al poeta y amigo Máximo Simpson, que se nos fue la semana pasada. ¿Quién era? Yo lo ubicaría aquí, entre las llamadas Generación del ´40 y el Neohumanismo.







Máximo Simpson en una sesión de lectura y tres de las portadas de sus poemarios




La Generación de 1940
La generación del ’40 se centra en la poesía, donde desarrolla lo descriptivo, lo nostálgico y lo memorioso, con Vicente Barbieri (1903-1953), Olga Orozco (1920-1999), León Benarós (1915-2012) y Alfonso Sola González (1917-1975). Los narradores se alinearon en el idealismo: María Granata (1923), Adolfo Bioy Casares (1914-1999), Julio Cortázar (1914-1984) y Manuel Mujica Láinez (1910-1984) y el realismo: Ernesto L. Castro (1902), Ernesto Sábato (1911-2011) y Abelardo Arias (1918-1991) con algunos toques urbanos y costumbristas: Joaquín Gómez Bas (1907-1984) y Roger Plá (1912-1981). No abundan los ensayistas: Antonio Pagés Larraya (1918-2005), Emilio Carilla y Luis Soler Cañas (1918-1984).

El Neohumanismo
Hacia 1950 surge otro hito: el  Neohumanismo, que es una respuesta al nuevo estado del pensamiento de posguerra. En un andarivel corren los Vanguardistas: Raúl Gustavo Aguirre (1927-1983), Edgar Bayley (1919-1990) y Julio Llinás (1929); en otro, los Existenciarios: José Isaacson (1932), Julio Arístides y Miguel Ángel Viola; más allá, quienes concilian ambas tendencias con un soporte regionalista: Alfredo Veiravé (1928-1991), Jaime Dávalos (1921-1981) y Alejandro Nicotra (1931). En los narradores encontramos testimonios candentes de la época: Beatriz Guido (1922-1988), David Viñas (1927-2011) y Marco Denevi (1922-1998). En la mayoría de estos escritores se percibe una fuerte influencia de la poesía anglosajona e italiana.


Máximo Simpson nació y murió en Buenos Aires, 25 de octubre de 1929-14 de junio de 2017. Sabemos que recorrió América Latina y residió largos años en México y Brasil. Fue periodista, profesor universitario y poeta. Obra Poética: Túpac Amaru, 1960 (Faja de Honor de la SADE); Más poesía, 1962 (Premio Consejo del Escritor); Poemas del hotel melancólico, 1963 (Premio Fondo Nacional de las Artes); Estación Final, 1981; Hacia donde tan lejos, 1981; Estación Final, 1985 (Edición completa); Elegías americanas-Lautaro, Túpac Amaru, Cuauhtémoc-, 1992. La casa y otros poemas, Premio Único a Obra Inédita en el Concurso Municipal de la Ciudad de Buenos Aires, correspondiente a los años 1986 – 1987, y Alrededores, 2000.

De Máximo Simpson dijo Antonio Requeni: “Es testimonio de una poesía personalísima, rica de humanidad, de invenciones verbales y luminosas vislumbres, estéticamente bella y conceptualmente original. Su obra no podrá ser omitida cuando se trace el mapa definitivo de nuestra poesía de las últimas décadas”.

De Alrededores, dijo Jorge Monteleone, cuando lo reseñó (abajo en La Yapa, el link): El último libro de poemas de Máximo Simpson (Buenos Aires, 1929) oscila entre cierto registro de la realidad, que parece siempre a punto de sucumbir ante el azar o la nada, y una última lucidez del yo lírico, que percibe en lo circundante una trascendencia íntima. Dicha intimidad proviene del sujeto mismo, que a menudo personaliza y hasta animiza el mundo objetivo o, mejor dicho, sus inmediaciones, aquello que Simpson llama "alrededores", lo que está en el olvido o en las ruinas del ajetreo cotidiano: "Excavando entre ruinas, entre olvidos/ encontré este huesito, este silencio.// Esta minucia, / que resplandece aún entre mis dedos/ con una luz muy suave, / es una emanación,/ o apenas/ el sosegado aroma de un tal vez". Esa impregnación de la subjetividad, cuando parece contenida y concentrada en la existencia del objeto, produce los mejores poemas del libro. En otros, el yo lírico atenúa la percepción de lo real con cierta efusividad complaciente.
Leemos y trabajamos los ejercicios de poemas y prosas poéticas de introspección, consigna de la clase anterior. Y como ejemplo epítome del tema, leemos el maravilloso Retrato (en Campos de Castilla, 1912) de Antonio Machado.


RETRATO
Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla,
y un huerto claro donde madura el limonero;
mi juventud, veinte años en tierra de Castilla;
mi historia, algunos casos que recordar no quiero.

Ni un seductor Mañara, ni un Bradomín he sido
—ya conocéis mi torpe aliño indumentario—,
mas recibí la flecha que me asignó Cupido,
y amé cuanto ellas pueden tener de hospitalario.

Hay en mis venas gotas de sangre jacobina,
pero mi verso brota de manantial sereno;
y, más que un hombre al uso que sabe su doctrina,
soy, en el buen sentido de la palabra, bueno.

Adoro la hermosura, y en la moderna estética
corté las viejas rosas del huerto de Ronsard;
mas no amo los afeites de la actual cosmética,
ni soy un ave de esas del nuevo gay-trinar.

Desdeño las romanzas de los tenores huecos
y el coro de los grillos que cantan a la luna.
A distinguir me paro las voces de los ecos,
y escucho solamente, entre las voces, una.

¿Soy clásico o romántico? No sé. Dejar quisiera
mi verso, como deja el capitán su espada:
famosa por la mano viril que la blandiera,
no por el docto oficio del forjador preciada.

Converso con el hombre que siempre va conmigo
—quien habla solo espera hablar a Dios un día—;
mi soliloquio es plática con este buen amigo
que me enseñó el secreto de la filantropía.

Y al cabo, nada os debo; debéisme cuanto he escrito.
A mi trabajo acudo, con mi dinero pago
el traje que me cubre y la mansión que habito,
el pan que me alimenta y el lecho en donde yago.

Y cuando llegue el día del último viaje,
y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,
me encontraréis a bordo ligero de equipaje,
casi desnudo, como los hijos de la mar.





Aquí la poética de Máximo Simpson que leímos:

To be or not to be

Yo quise ser un rojo violín desorbitado,
un ex abrupto eterno,
un jardín de magnolias o una tromba,
y sólo soy ahora profesor de nostalgias,
edecán del otoño pesaroso.

Yo quise ser el mar,
o tal vez quise ser lo que no quise,
un triángulo isósceles o un trueno,
o una momia egipcia
con su paz infinita, imperturbable.

Eso quise tal vez en mi constancia,
en mi apuro, en mi afán, en mi zozobra,
quise ser el revés, la mano izquierda,

el costado de mí, mi renegado,
y sólo soy mi tú, mi pobre mí,
un pronombre ya exhausto,
un posesivo huérfano, un despojado mí.

Eso quise tal vez,
y sólo soy ahora mi vecino,
apenas mi perfil, mi suroeste,
mi terco lateral:
estoy en la adyacencia limítrofe de mí,
y siento desazón, me extraño mucho.

                                                              🔻       
Resurrección

Hoy me he puesto de pie, me he levantado.
En un rapto de orgullo pude mover la piedra,
sacudirme la bóveda.
Mirad el jeroglífico sediento
de avara eternidad:
esta inscripción soy yo,
mi muerte.


Después de interminables cataratas de olvido,
aún los sueños me acechan
con su cortejo de sangrantes manos,
y aluviones de gritos me persiguen.
Y aquí estoy yo, señores;
soy el amortajado:
yo soy el rey de Egipto,
padre de las cosechas,
ruiseñor de las lluvias,
y a mí el trueno irascible me obedece.
Yo vi a Tutankamón sonreír de orgullo,
levanté la pirámide de Keops,
y aquí estoy yo, miradme.
Yo quiero este socorro, esta limosna,
la migaja del último terrestre:
quiero morir de amor,
tomar un ómnibus.


Mirad mi piedra, contemplad mis párpados,
mi sueño melancólico,
mi enfermedad letal de piedra viva,
de resplandor que no se acaba:
siento el terror del tiempo,
sus pezuñas de cal sobre mis ojos.

                                                               🔻  

Un poema de introspección justamente:

Revisión matinal

Me miró a mí, me
escucho esta mañana
Rafael Alberti

Me miro a mí, me escucho esta mañana,
me reviso la suela de los sueños,
me examino el olvido,
me observo los quizá, los hasta cuándo.
De costado, de frente, desde abajo,
me averiguo el envés, me fiscalizo
los reversos de mí, la contraseña;
me reviso el encono,
el adversario mío que sustento
y si está presentable mi agonía,
planchado el pantalón,
muy claro el cielo,
me sostengo al trasluz para mirarme,
y la escucho a mi voz como un extraño,
un remoto tambor dando alaridos.

Y si todo está en orden,
si mi traje, el colar, los territorios
de penumbra que arrastro,
entonces me decido:
debo ir al empleo, estar ausente.
Pero antes de salir es necesario
ponerse la corbata,
hacer un ademán, estar contento,
y sacar del ropero el cuello blanco,
mi gran desesperanza almidonada.

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Sonata
Toca el violín la casa:
se asoma de sí misma,
se sale de la casa,
y le atraen vacíos hacia arriba y abajo.

Toca el violín la casa,
tiemblan sótanos negros de cólera indecisa,
tiembla toda la casa con su gran cuerda humana
cuando suena el violín violento de la casa.

La casa tiene lámparas votivas,
roperos tristes,
ventanas que miran hacia dentro.

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Un poema de MS sobre un texto publicado por Radio Praga sobre la muerte, en 1969, del joven activista que se autoinmoló como protesta por la invasión soviética en Checoslovaquia y cuya tumba fue visitada por miles de jóvenes en esa época y prohibían hacer hasta eso.

Jan Palach (El suicida de Praga)
Allí en un cementerio pequeño como un cuarto,
austero como brasa clandestina,
allí está para siempre
la ventana cerrada de su alma,
la mesa de su vida,
el escritorio de su muerte.
El asesino de sí mismo mira el mundo,
y desde el polvo aúlla
en la tranquila tumba.

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El hotel melancólico
El hotel melancólico en la noche
navega hacia la muerte,
con sus pasillos negros por donde se pasean
remotos mariscales del gran zar Alejandro,
con samovares viejos y tristes damajuanas,
y sus baldosas rotas, su extenuada autocracia,
y su pátina ilustre:
sillones andrajosos,
pequeña arqueología del pensionista pobre
que conserva entre ruinas la mitad de su alma,
atmósfera de invierno de otra parte,
los patios sospechosos y los altos cipreses
que defienden la casa.
Hay un coleccionista de minúsculos seres,
entomólogo suave de musical enigma,
que atraviesa los patios con un jabón y un trueno;
hay un delgado junco traductor de novelas:
todos los días come su ración de consuelo,
pero es inútil todo porque domina su alma
la visión de un escándalo celeste.
Y María Ivanovna con sus grandes recuerdos:
en Petrogrado entonces
era bella la vida en los salones
El aire convalece
en el golpeado orgullo de la casa:
hay aquí un raro clima de perdón,
y adolescentes viejos
como la araña joven de rostro milenario,
que instaló grandes máquinas feroces
en su pequeño cuarto de antiguo joven muerto.
Y está la mujercita que vive en las tinieblas,
que se viste de luto por si acaso,
por aprensión en tal vez,
en su cuarto imperial cubierto por el polvo.
Y está también la viuda del rey de la Tasmania,
con su sombrero rojo de general inglés.
Y estoy yo, que esto escribo:
yo busco el equilibrio de las cosas,
y por eso navego en este hotel profundo
hacia mi gran destino:
y yo que soy feliz, sereno y apolíneo,
con mi regla de cálculo preparo
las leyes de la tierra.

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Habla Janto

Janto, el “corcel de ligeros pies”, bajó la cabeza y
dijo: “Hoy te salvaremos, impetuoso Aquiles, pero
está cercano el día de tu muerte”.
Ilíada, Canto XIX.
Cuando el caballo habla,
tiembla toda la casa del olvido.
Tiembla toda la casa,
tiembla todo el olvido:
las puertas de la noche retroceden.
Cuando el caballo clama,
cuando el caballo augura, profetiza,
se oscurecen ventanas y canceles,
y el hombre a la deriva da un rodeo,
hace un alto y espera.
Cuando el caballo habla y se anticipa,
todos callan de pronto,
y el desvalido orgullo de la especie
se amontona en la lengua.
Cuando el caballo habla,
la pampa sueña con el mar,
y el jinete desmonta,
se aventura por dentro de sus ojos,
se desnuda.
Cuando el caballo habla,
cuando sabe,
la memoria perdida se instala en la existencia
y corroe las hondas certidumbres.
Cuando el corcel florece en la tormenta,
cuando su manos de alzan hacia el cielo,
cuando de pronto brinca y vaticina,
un ambiguo claror empaña los cristales,
una lluvia indecisa retorna hacia lo alto.
Cuando el caballo sabe,
cuando el jinete escucha,
declina el sacerdote sus trofeos.
Cuando el caballo habla,
pone el hombre pie en tierra,
medita en sus ancestros,
se prepara.

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Zapatos
Los zapatos que antaño me compré
sin asomo de orgullo,
sin pensar en la forma o la medida,
los usé de perfil, a contramano,
y llegué caminando hasta mi edad,
desde esa tienda oscura
que vendía zapatos,
destinos,
carreteras.

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Cuando me vaya

Cuando me vaya de aquí,
cuando me vaya y me quede
para seguir esperando
en la ambigua luz del día;
cuando  perdido me apoye
en la puerta sin adentro,
sin número, sin afuera;
tal vez encuentre allá lejos
a la anónima calleja
que antaño un dios habitó.

Cuando me vaya de aquí,
cuando me vaya y me quede,
tal vez descubra la aldaba,
la casa de mi silencio
y el gran río apaciguado,
el que fluye sin fluir
en la quietud del  instante
sin fechas ni aniversarios.

Entonces habrá convite
para campanas que abrevan
toda su luz en lo oscuro,
y un epitafio que diga:

Yo me fui y estoy aquí,           
tocando el violín sin cuerdas
del día que nunca vino.

Cuando me vaya de aquí,
cuando me vaya y me quede.


de Último Aviso, inédito, 2016



El libro recomendado de la semana son dos poemarios de Ed. Vinciguerra:

A lágrima seca, de Lidia Vinciguerra:
Con sugestivo y metafórico título, siempre a la búsqueda de nuevas formas de transmitir la palabra y dueña de una introspección vital, este es el poemario número once de Lidia Vinciguerra, quien aquí nuevamente homenajea a la vida, al diario temblor palpitante del todo y la nada, a la soledad, a la memoria materna, a los “combates posibles” del día a día.



Y

Andares, de María Teresa Lippo


Poeta nacida en Rauch, es docente y miembro de este taller literario. Este es su sexto poemario. Dueña de una colorida y coloquial poética, María Teresa Lippo canta con vuelo nostálgico a las cosas sencillas que nos rodean, festejándolas. 



La Yapa

2- Máximo Simpson lee poesía en el ciclo No hay ciudad sin poesía 2009 y otros links en YouTube https://www.youtube.com/watch?v=awjEM7gYnw8


Aviso parroquial


En julio comienza el Mes de la Amistad en el taller Abordajes poéticos. Por supuesto, continuaremos con las clases y luego, la segunda mitad de nuestro horario será compartida con estas importantes figuras de la escena de la poesía. 
Aquí las coordenadas del mes y nuestra primera visita: el biznieto del gran Rubén Darío, llamado Martín Katz Darío. 



¡Nos deseo muy buena semana poética!