lunes, 17 de agosto de 2015

Clase N° 45 - jueves 13 de agosto 2015

Hoy veremos la poética de un poeta jujeño que perteneció al Grupo Tarja, Jorge Calvetti, autor de esta bella copla:

Como un animal voraz
la muerte me anda siguiendo
voy a entregarle mi cuerpo
y voy a seguir viviendo
.

Nacido en San Salvador de Jujuy el 4 de agosto de 1916, pasó sus primeros años en la localidad quebradeña de Maimará. Realizó estudios primarios y secundarios en el Colegio San José de Buenos Aires y universitarios en las ciudades de Buenos Aires y La Plata.



      En 1944, la Comisión Nacional de Cultura editó su libro de poemas Fundación en el cielo, tras haberlo galardonado con el premio Iniciación, para escritores inéditos menores de treinta años.
      Luego publicó: Memoria Terrestre, poemas, 1948; Alabanza del Norte, cuentos, 1949; Libro de Homenaje, poemas, 1957; Juan Carlos Dávalos, ensayo crítico-biográfico, 1961; Imágenes y Conversaciones, poemas, 1966; El miedo inmortal, cuentos, 1968; La Juana Figueroa, poemas, 1968; Genio y Figura de José Hernández (en colaboración con Roque Aragón), ensayo crítico-biográfico, 1973; Sólo de muerte, poemas, 1976; Poemas conjeturales, 1992 y Escrito en la tierra, cuentos, 1993, este último obtuvo en 1994 el premio al mejor libro otorgado por los críticos de la Feria Internacional del Libro.
En 1977, el Fondo Nacional de las Artes editó su Antología poética, de 112 páginas y en 1983 la editorial Torres Agüero publicó una antología de sus poemas titulada Memoria Terrestre.
      Con varias de estas obras obtuvo premios nacionales, municipales e institucionales. Debe destacarse que Genio y Figura de José Hernández obtuvo el Premio Internacional EUDEBA, de la Universidad Nacional de Buenos Aires para conmemorar el Centenario de la aparición de El Gaucho Martín Fierro, obra de la cual la U.B.A. hizo un edición de 10.000 diez mil ejemplares, hoy agotada. Sus trabajos además fueron traducidos al inglés, francés, alemán, italiano y griego.

      Con Néstor Groppa, Mario Busignani, Medardo Pantoja y Andrés Fidalgo, fundó la famosa revista literaria Tarja. 

      Su producción literaria fue consagrada con el Gran Premio de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores; el Gran Premio de Honor de la Fundación Argentina para la Poesía; la Pluma de Plata del Centro Argentino del PEN Club Internacional; el premio Esteban Echeverría de la institución Gente de Letras; el premio Konex y otros. También fue jurado de concursos nacionales, municipales e institucionales en las categorías poesía, narrativa y ensayo. 

En 1984 fue elegido miembro de número de la Academia Argentina de Letras y en 1986 se lo eligió vicepresidente de esa institución, cargo que desempeñó durante nueve años. 

En 1993 fue designado por Melina Mercuri, ministra de Cultura de Grecia, para firmar la Declaración del Mar Egeo, en conmemoración de la primera instalación humana en Europa, documento que fue suscripto en la isla de Lemnos por figuras representativas de treinta y dos países.

      Además de las obras mencionadas más arriba, publicó, prologó y anotó, La muerte y su traje, cuentos de Santiago Dabove, con prólogo de Jorge Luis Borges, selección y retrato del autor por Jorge Calvetti, ediciones Alcándara, Buenos Aires, 1964. 
Poemas de Carlos Mastronardi, selección, prólogo y notas por Jorge Calvetti. Editorial EUDEBA. Buenos Aires. 
El terruño, cuentos de Daniel Ovejero; selección, prólogo y notas por Jorge Calvetti; Editorial EUDEBA, Buenos Aires, 1966.
Además escribió los opúsculos El idioma Español en el Norte Argentino, El humor de los tristes argentinos y Tonada del Norte, lejos; Ediciones Roche, Buenos Aires entre los años 1960 y 1970.
En 1999 fue designado miembro correspondiente de la Real Academia Española.
Murió en la ciudad de Buenos Aires el 4 de noviembre del año 2002. Sus restos descansan en la provincia de Jujuy.




El recurso que veremos vinculado con su poética es el del símil o la comparación. Lo interesante de este recurso es que se trata del primero que utilizamos para poder aprehender el mundo, a través de la analogía. 


Símil es una figura retórica que utiliza el recurso de la comparación o semejanza entre términos. Consiste en destacar o establecer semejanzas entre elementos (objetos, personas, animales, situaciones, hechos, etc.). Su carácter es más simple que el de la metáfora, y por ello aparece con más frecuencia que ésta tanto en las epopeyas clásicas como en la poesía popular.

Los símiles pueden ser reversibles (disponiendo sucesivamente los dos términos en distinto orden) o graduados (de inferioridad, igualdad o superioridad), así como asociarse a otras figuras (exemplum, alegoría, alusión, antonomasia, etc.)

En la actualidad, los repertorios de figuras literarias no establecen distinción entre el símil y la comparación y se insiste en el uso de elementos de relación como “como”, “cual”, “que” o “se asemeja a” para diferenciar formalmente a esta figura de la metáfora.

Con el nombre latino de símiles, se designan en retórica los razonamientos que se apoyan en la analogía o relación de semejanza entre los asuntos tratados. 

Los símiles son también ampliamente utilizados en la literatura moderna. Sin embargo tienden a ser más espontáneos y expresivos. Se pueden también leer como una alegoría formulada. En la lengua cotidiana también se incorporan símiles, tales como “es tan astuto como un zorro” o “negro como boca de lobo”. En ese sentido, se trata de un recurso de fácil comprensión y popular. 

Aristóteles dijo que los buenos símiles dan un “efecto de brillantez”, pero él prefirió el uso de la metáfora, pues era más corta y, por lo tanto, más atractiva en uso creativo.



Preguntas
¿Fue en una calle de Córdoba del Tucumán
o cerca del Café Royal, en la Regent Street,
donde alguien me hizo ver un fantasma?
En la vereda un enano ciego,
rasgueando una guitarra con muñones,
cantaba
arrinconado,
solo.
¿Lo vi? ¿escuché el canto?
¿O Dios lo imaginó y lo mostró un instante,
para que en él yo me viera espejado
y dejara de balbucear,
contra la pared del mundo
palabras que nadie oye?

Habla un soldado de la conquista
Vine porque me pagaban 
y yo quería comprar espadas y mujeres. 
Vine porque me hablaron de montañas resplandecientes 
como un atardecer en el mar 
y con el oro con que me iba a vestir cuando volviera. 
Pero sólo encontré flechas envenenadas, 
humedad y mosquitos. 
Conocí el terror, noches sigilosas, 
indios vestidos con su belleza siniestra, 
la fuerza de una tierra que nos doblegó 
como la sed a los animales, 
y la móvil mortaja de la selva. 
A bordo alguien habló de "honor". 
A bordo 
hablaban y rezaban con lentas manos sobre libros de oro. 
Con esas manos se ayudaron el grito y la desesperación; 
con esas manos escarbaron la tierra que nos iba a cubrir. 
Alguien habló de "historia" y de "futuro"; 
yo sólo pienso en lo que perdí. 
Creo que todo es igual, 
las mentiras que nos dijeron y las verdades que encontramos. 
Siempre habrá tontos que vivirán de palabras, 
y siempre el mundo mezclará en la misma indiferencia 
la vida, que en el olvido crece, 
la gloria, que se arrastra, 
y la codicia laboriosa de la muerte. 


W.H. Auden
Ayer, en su retrato, miraba las huellas de la palabra vida
y me decía: El tiempo ya no puede verlo,
nunca más encontrará lugar en Auden donde dejar
                                                                 /sus ominosos rastros.
Se ha cumplido también en ti, querido poeta, lo que está dispuesto.
También en ti, que querías perturbar a los muertos.
Ahora,
(aunque muchos piensen que más allá de la muerte
                                   no hay ni siquiera muerte)
tu alma resplandece
abrazada a la verdad y el misterio.
Yo, que vivía en tu corazón cuando pensabas en el pueblo,
en esta noche que te fue negada,
digo palabras que no   permitirán que mueras:
“Recibe, ¡Oh! Tierra, a un huésped honorable…”


Habla el desconocido de la columna de Trajano
No preguntes quién soy.
Hijo de un trueno o del instinto, eso qué importa.
Sería lo mismo si dijeras:
lo ha creado un dios cuya memoria se ha desvanecido
o la noche
y los devastadores sueños de la eternidad de los
                                                           mortales.
Lo cierto es que fui un hombre,
respiré el aire libre, hollé la tierra,
me resistí a los siglos
que lamen y que gastan como el mar y los perros,
y ahora estoy aquí, mirando
un vano discurrir de tardes y generaciones.
Pero he vivido.
Fui valiente y soez y miserable y generoso y bueno.
Conocí, esclavo, la invasión del miedo
que cunde como una tempestad;
conocí la pasión que es adorable
y golpea el alma como una piedra, y pasa.
He muerto muchas veces
en las batallas y los terremotos,
en los vastos pantanos donde Ovidio lloró
y los dioses lo olvidaron,
en las legiones, en las catacumbas.
No preguntes quien soy. Yo he de decírtelo:
soy el que hace la vida y la conquista.
Yo soy el numeroso, el simple, el olvidado y el 
                                                                        humilde.
El que sabe que un día
llegará a ser el dueño de los días.



Maimará
Este es mi pueblo.
Su nombre quiere decir: “Estrella que cae”.
Hasta aquí llegan pocas noticias del mundo.
Recibo cartas de mis amigos; me dicen que todo marcha bien,
que en algunos países se vive una vida verdadera
y que en otros la esperanza crece.
Yo no sé nada. Me alegro por momentos
y me encierro otra vez en mi pueblo.

Todo me habla de soledad.
El viento sacude las noches como árboles.
Los mismos pájaros despiertan las mismas mañanas.

El tiempo golpea las casas
y las casas golpean contra el tiempo.

Aquí he vivido mi infancia.
Era feliz. Ignoraba hermosamente la vida.
La infancia...
Los recuerdos más viejos vagan por la memoria,
como doña Melchora por el pueblo.
Tiene ciento cuatro años. Habla sola, como los recuerdos.
Cuando me ve, me dice: “Buenas tardes, maestro...”

Aquí estoy,
buscado y dejado y encontrado por el amor.
Pero no creo que puede hablar de soledad.
Todos tenemos mucho que hacer en el mundo
y no hay tiempo para estar solos.
Es que el futuro está subiendo desde el fondo de la tierra,
Lo veo crecer en mi hijo. Me mira con los ojos de mi hijo.
Sí, ya lo sé. Son hermosos los carnavales
y la fastuosa inocencia de los pájaros...
Pero sé también que el canto y la alegría y el coraje
                       de muchos amigos del pueblo
están durmiendo en una botella de vino
¡y nosotros tenemos mucho que hacer!
Yo por lo menos,
trataré de luchar con mis palabras.
Tengo que decir a mis amigos que no estamos solos
y que debemos trabajar para que el mundo sea mejor.

Este pueblo es muy chico.
Un carnavalito puede envolverlo.
El galope de un caballo es demasiado para él.
¡Qué hermoso sería levantar su estrella
y poder llamarnos, con verdad, “hermanos”
en un mundo sin injusticia!

Mi pueblito es muy chico.
Así deben ser todos los pueblos chicos del mundo.
Por la calle de mi casa veo pasar la vida:
la desgracia, el amor, la humildad, los borrachos...
Pero creo que nadie piensa en nadie.
Nadie sale de sí mismo.
Todos, casi todos, están ahogados en ellos mismos
y es necesario cambiar.
Aquí todo sigue siempre igual...
Si subiera a las cumbres, estoy seguro,
vería pasar los años
como esos perros que acezando y husmeando el miedo pasan
interminablemente ocupados en sus sensaciones...
¡Y eso no puede ser, no puede ser!



FUNDACIÓN EN EL CIELO
                                      
  a  Santiago y César Davobe

Yo no he querido a nadie en el mundo
ni he cuidado amorosamente una esperanza.
He derivado mi destino ante el funesto esplendor de las palabras
y soy el testigo de mi desdén por los firmes destellos de la vida.
He recorrido campos,
la puna inhóspita y odiada
con pájaros que viven la libertad
y gentes de alma silenciosa.
He visto caballos buscando la sombra misera del cacto
y  perros durmiendo a la sombra del caballo.
He respirado el aire sucio de las ciudades
y he aborrecido el día que me dio luz para mirar los hombres engañados.
He vivido en las noches borrosos gabinetes
con espejos que muestran el pasado y el dolor de todos los hombres,
en ellos he mirado con obcecación y sín lástima el latido horrible de mis sienes,
mi dolorosa imagen de hombre sin tiempo para llorar su descreimiento.
Yo no he mirado las cosas con cariño.
Soy el testigo de mi desdén
por los firmes y vanos destellos de la vida.
Sólo sé de la muerte que ordena las figuras
que mueve mareas ocultas del corazón
y me entrega palabras que yo digo en las noches
para borrar el mundo del sueño de los hombres.

CONOCIMIENTO DEL CUERPO
La mano palpa en la frente
el contorno de la idea
y siente que el pulso crea
su propio existir consciente.

La frente en la mano siente
que la vida se recrea
y que el tiempo la rodea
como voraz forma ausente.

Es el cuerpo. Es el oscuro
cuerpo entregado al futuro,
cerrado, ciego, vacío.

Duramente el alma advierte 
que a este lado de la muerte
hay otro reino sombrío.

CUANDO LA NOCHE LLEGA...
Cuando la noche llega, baja el cielo
hasta tu piel y mira la hermosura;
la claridad que muere en tu cintura
y la umbrosa delicia de tu pelo.

Mira mi corazón y su desvelo,
mi sed, mi amor, mi amor y la figura
del deseo dormido en tu ternura
junto a tu cuerpo, junto al hondo cielo.

Que Dios nos mire así. Que la mirada
del viejo Dios contemple estremecida
al hombre amante, a la mujer amada.

Sabrá que sólo así transfigurada
soportamos su don: la pobre vida,
viva ceniza, muerta llamarada.


AMABLES FANTASMAS
Vuelvo de una reunión elegante,
de conversar con mujeres hermosas
y jóvenes con aire griego en su apostura.
Llenamos con palabras, con pasado y futuro,
tres o cuatro horas falsas.
Mostraban una felicidad constante,
como si fuera su casa la alegría
y la paz su verdadera madre.
Nadie tenía en su pensamiento, pensamientos.
Una de ellas,
que evocaba suavísimos pecados
me miró sonriente.
Yo leí en su mirada una verdad oculta:
que ella o yo podíamos morir en ese instante.
Quise entonces decir: Mis amigos, un día
todos habremos muerto.
Somos unos amables fantasmas que se miran,
se acarician o charlan, ya desvaneciéndose.
¿Por qué no ser amables, también, con el misterio?
¿Por qué no recordamos a la muerte?
Me miraban sonriendo.
Si la vida de veras los rozara
arquearían las cejas, levemente asombrados
y alguien, tal vez, diría, volviendo la cabeza:

¿Quién me habla?...

CARTA A MI PADRE
Los cielos caían cuando partí
y las estrellas se negaron.
Ahora juego con los recuerdos,
naipes ya muy gastados.
Quiero volver al aire transparente
y respirar en tu clemencia.
En la ciudad la mañana es herrumbre.
El sol, castigo.
Aquí sólo puedo mostrarte
mi destino estragado.
Tu hijo ya no se define de la vida.
Cuídame.
Pisa mi tiempo.

CARTA A MI PADRE II
Así como el recuerdo de mi madre
pudo guiar a mi alma permitirle
pasos seguros en el más allá,
así, con no cansada mano,
con anhelo infinito,
tú me llevaste por la tierra.

Y ahora yo te guío,
criatura con un año de muerte
y te enseño a caminar a mi lado.
Padre mío,
aprende a caminar,
ven conmigo, acompáñame.
Sin ti no puedo soportar 
esta batalla de ojos.

 El periodista Marcelo Chango– Mendieta lo recuerda con enorme afecto y cuenta, por ejemplo, acerca del especial vínculo de Calvetti con su padre:
Con su padre mantenía una hermosa relación. Don Froilán venía a visitarlo a Buenos Aires. Un día le dijo: “Pasé por una librería y vi su retrato en la vidriera. Parece que es usted importante, m'hijo”. Otra noche salieron a comer y cuando llegó el “maitre” le preguntó que iba beber. “Como siempre - respondió don Froilán - un buen vino tinto. ¿Y usted?”. “Voy a pedir una botella de agua mineral, papá”. Asombrado, don Froilán preguntó cual era el motivo y él le respondió: “Orden del médico, papá”. “¡Ah, no m'hijo, no se deja así nomás a un amigo como el vino! ¡Cambie de médico, por favor!”. Esa noche y siempre, ambos compartieron el vino.


El grupo poético “Tarja” –cuenta Mario Goloboff en esta nota publicada por Télam– nació alrededor de la revista del mismo nombre, que comenzó a publicarse en San Salvador de Jujuy en noviembre-diciembre de 1955 y de la cual salieron dieciséis ejemplares de alta calidad cultural, estética y gráfica hasta 1960. En buena medida herederos del grupo “La carpa”, por su concepción enemiga de un “nativismo mezquino” y del folklorismo, en el primer editorial se afirmaba: “…convenimos en dar a esta palabra (tarja) el significado corriente con que se la usa aquí: marca que indica el día del trabajo cumplido; faena concluida y asentada en la libreta de jornales...”.
La revista fue compilada por primera vez en 1962, en un tomo de 280 páginas, y en su presentación se sostenía: “Tarja se publica en Jujuy desde diciembre de 1955. Es una extraordinaria muestra de calidad artística y de fervor intelectual /…/ Mario Busignani, Jorge Calvetti, Andrés Fidalgo, Néstor Groppa y el artista Medardo Pantoja es el esforzado grupo que dio nacimiento a la revista jujeña. En el número inicial concretan sus aspiraciones: «Estamos convencidos de la incalculable temática de nuestro Norte y de las posibilidades de sus gentes para el trabajo intelectual. Por eso es que iniciamos esta labor, manifestando la necesidad de que esas posibilidades abandonen el silencio y adquieran las formas concretas del testimonio»”.
Colaboraron en ella artistas plásticos como Domingo Onofrio, Pompeyo Audivert, Víctor Rebuffo, Edgardo Antonio Vigo, Carlos Alonso, y ciertamente no solo escritores del norte como Jaime Dávalos, Raúl Aráoz Anzoátegui, Héctor Tizón, Manuel J. Castilla, Domingo Zerpa, Raúl Galán, Carlo E. Figueroa, sino también poetas y narradores de todo el país como León Benarós, Carlos Ruiz Daudet, Gastón Gori, Joaquín O. Giannuzzi, Carlos Mastronardi, Nicandro Pereyra, Horacio Jorge Becco, Luis Gudiño Kieffer, Mario Jorge De Lellis, Alvaro Yunque... Muchas de sus tapas fueron realizadas por Carlos Alonso, Enrique Policastro, Juan Carlos Castagnino, Lino Eneas Spilimbergo, Gertrudis Chale, Carlos Torrallardona, Raúl Soldi y, en su interior, la revista llevaba ilustraciones impresas con los tacos originales de lo mejor de la plástica del país de aquellas décadas.
En 1989, la Universidad Nacional de Jujuy editó dos volúmenes de 500 páginas que brindaron un panorama histórico y gráfico de tan importante publicación, con comentarios sobre la misma de Roberto Giusti, Tomás Eloy Martínez, Luis Emilio Soto, Aristóbulo Echegaray, y extractos de diferentes medios periodísticos del país que la elogiaban. “Órgano de un movimiento intelectual que honra a la provincia norteña y a la vez vivifica en cierto modo al de todo el país —pues une al culto por la tradición vernácula el sentido de la belleza pura— TARJA es una expresión de una inquietud vitalmente lozana y de una cultura en que lo selecto se armoniza con lo popular”, decía La Nación del 12-5-57, mientras La Gaceta, de Tucumán, del 17-6-56 afirmaba “TARJA es ya una de las mejores revistas literarias argentinas. Y no lo es sólo por su encomiable presentación y su excelente y profuso material de lectura, sino también por el fervor con que ha sido hecha”.
Dos de sus mayores poetas, fundadores y animadores del grupo, fueron, como se anotó, Néstor Groppa y Andrés Fidalgo. Del primero, escribe la crítica y académica jujeña Elena Bossi (Leer poesía, leer la muerte, Beatriz Viterbo Ed.): “La lírica de Néstor Groppa conmueve desde un principio porque no hay nada que quede fuera. Todo lo que existe merece ser nombrado, rescatado para el recuerdo. Un cuerpo que no está cuya voz sigue resonando, pese a la ausencia del poeta, en la memoria; y la memoria aparece como tumba de lo vivido, refugio de lo que ya no es. /…/ El tiempo suspendido de la lectura, el espacio borroneado de la nada se ubica entre el sueño y la vigilia. El poema es breve, fugaz y efímero instante de esplendor que precede a la caída, que llega irreparablemente a un fin. Ese fin impide que el enigma que subyace termine de develarse”. Además de Tarja, Groppa creó el sello editorial “Buenamontaña”, que editó decenas de títulos, fundó y dirigió la revista literaria Pliegos del Noroeste (1967) e inició el Suplemento Cultural del diario jujeño Pregón.
Del segundo, Andrés Fidalgo, nacido en Buenos Aires en 1919 y radicado en Jujuy a partir de los ’50, consta que se trató de un gran poeta y de un gran hombre, y que pocas veces como en su caso la fusión alcanzó tal grado. Deben releerse La copla (1958), un ensayo sobre la copla con cien coplas de su autoría, Elementos de poética (ensayo que obtuvo el premio “Consejo del escritor” en 1961-62), Aproximaciones a la poesía (1986) y muchos otros libros de poemas, reflexiones teóricas y literarias. Abogado, Juez de Instrucción, Fiscal, defensor de Derechos Humanos, estuvo en prisión y luego debió exiliarse en Venezuela durante la última dictadura militar. Perdió una hija, Alcira, asesinada por la misma. Falleció a los 89 años de edad, en 2008, en San Salvador de Jujuy.


Nota publicada en el Suplemento LT del JUEVES 6 DE SEPTIEMBRE DE 2012, que ya no está online, pero buscándolo en telam.com.ar se lo puede bajar en PDF.

Suban sus poemas al blog. ¡Buena semana poética!!


sábado, 8 de agosto de 2015

Clase N° 44 - jueves 6 de agosto 2015

 Una propone y las circunstancias se imponen. Pensaba dar otra poética, pero dedicaremos esta clase a Juana Bignozzi, poeta argentina que falleció ayer.

UNA PROVOCADORA, CULTA Y ENRAIZADA POETA DE LA VIDA DIARIA: “mi poesía es ideológica, no política”, dijo. "No soy populista -decía-, esa es la diferencia entre haber nacido en un barrio obrero; no necesito demostrarlo".


Su poesía se afirmó progresivamente en un tratamiento de un yo poético de una indiscutible originalidad, que trasciende los motivos recurrentes de la generación del ´60, de la que formó parte, y la convierte en un referente ineludible en la poesía argentina.

Poeta argentina nacida en Buenos Aires en 1937. Aficionada desde pequeña a la poesía, obtuvo reconocimientos como lectora en la escuela primaria.
A los veinte años trabajó como periodista, se relacionó con varios intelectuales reconocidos y formó parte del grupo poético El pan duro creado por Juan Gelman en 1955. En 1960 fue publicado su primer libro de poemas, Los límites, seguido por Tierra de nadie en 1962. En 1974, cuatro años después de contraer matrimonio, se radicó en Barcelona donde trabajó como traductora y continuó su carrera literaria publicando obras como Regreso a la patria en 1989, Mujer de cierto orden en 1990, Interior con poeta en 1993, Partida de las grandes líneas en 1997, La ley tu ley en 2000 y Quién hubiera sido pintada en 2001.

Es una de las poetas esenciales del panorama argentino contemporáneo. Entre los galardones obtenidos se destacan el Premio Municipal de Poesía en el año 2000 y el Premio Konex  por el quinquenio 1999-2003.

Residió en Buenos Aires desde el año 2004. Murió el 5 de agosto de 2015.

Entre las afinidades literarias de Bignozzi se podría mencionar a un puñado de poetas que ella misma citaba en sus libros, como Eugenio Montale, Juan L. Ortiz, Paul Eluard, T. S. Eliot, Cesare Pavese y Anna Ajmátova.




Ésta es una rara foto de archivo periodístico. Había nacido en el barrio de Saavedra, el 21 de septiembre de 1937 en el seno de una familia obrera de militancia anarquista, que se pasó al Partido Comunista durante el peronismo.

 “Después, sólo se trató de lo más difícil. Quiero decir, acentuar las cualidades de su voz: la musicalidad atenuada, moldeada sobre una sintaxis perfecta, que no necesita de la puntuación porque parece un orden natural de la lengua”, advertía Beatriz Sarlo.

Bignozzi reconocía esa posición inicial a contrapelo de los “aires” de época: “Yo no tenía en ese momento una vida que justificara mi posición, un tanto irónica, muy desdeñada, como de estar de vuelta. Yo creaba allí una postura, un personaje literario”.

Además de ser una figura clave para la poesía joven de los ´60, una de las que más se rescatan de esa generación –junto a Joaquín Gianuzzi y a Héctor Viel Temperley–, era un personaje habitual en tertulias poéticas. Lejos de mantenerse en el fóbico Parnaso de los grandes, Juana se describía como “callejera”, estaba en el centro mismo de la ciudad y con conocimiento de lo que pasaba en el mundo poético.

En 1974, junto a su marido Hugo Mariani, decidió radicarse en Barcelona (España), donde se desempeñó como traductora de italiano y francés. Tradujo más de cuatrocientos títulos de autores como Marguerite Duras, Alfred Jarry y Jean Marie Gustave Le Clézio, entre otros.

“Nosotros nos fuimos porque pensamos que iban a gobernar los montoneros. Nos fuimos para volver en unos años, pero no pudimos. Por eso yo no acepto la palabra exiliada, acepto la palabra desterrada, apátrida. Nosotros dijimos esta fiebre montonera va a pasar, y en dos años o tres volvemos. Aprovechamos para estudiar algunas cosas que queremos en Europa. Desde luego no imaginamos lo que iba a pasar en los años siguientes. Había tantos golpes que pensamos que pronto iba a pasar, no que se iba a convertir en un exterminio sistemático”, explicaba Bignozzi.

Antes de volver a Buenos Aires en 2004, publicaría Regreso a la patria (1989), Interior con poeta (1993), Partidas de las grandes líneas (1997), La ley tu ley (2000) y Quién hubiera sido pintada (2001). En 2010 apareció si alguien tiene que ser después –título que se escribe todo en minúscula–, un libro que la poeta reconocía que era más libre que los anteriores, “donde me animé a poner cosas que no me hubiera animado a poner antes”.

En el prólogo a ese libro, Tamara Kamenszain (abajo, completa) pondera la posición provocadora de Bignozzi: “Se trata de un estado de vigilia crítica que pone las cosas en su lugar incluso con la risa de la rima: ‘mientras mis colegas escriben los grandes versos de la poesía argentina/ yo hiervo chauchas ballina’. Es por eso que en la obra de esta poeta grande no hay grandes versos destinados a quedar arrumbados en el museo”. Entre los premios que recibió se destacan el Konex Diploma al Mérito en el quinquenio 1999-2003 y el Rosa de Cobre, otorgado por la Biblioteca Nacional en 2013.

“Mi obra tiene una relación muy limitada con mi vida –afirmaba en una entrevista con Martín Prieto–. Lo que parece confesional nunca es una confesión sobre mi vida (...). Yo pienso que nosotros durante mucho tiempo pensamos que el sesenta era sólo la izquierda y es evidente que en esa evaluación dejamos un pedazo del mundo afuera”.

El año pasado publicó el que sería su último libro, Las poetas visitan a Andrea del Sarto.


Recurso

El recurso poético que más la identifica -creemos- es el semántico fluir de la conciencia. Ya en sus tres últimos poemarios, la poeta no usará mayúsculas ni ningún signo suprasegmental (puntos, comas, etc.)



Aquí, parte de su obra poética


Ce triste exil, ce fier exil

En las noches felices con la gente que amo
él hace sentir su ausencia,
se instala en el amor que me dan,
en el amor que doy,
en el otoño, sí, ya sé, las hojas;
dos amigas caminan por calles entrañables,
hablan del amor, la vida, los hombres,
se dejan envolver por la dulzura de la noche de mayo,
hacen a un lado las cosas irremediables,
caminan solas entre los olores, las luces de las ventanas,
algún rostro obsesivo que insiste, insiste,
pero ellas saben tanto sobre el amor, tanto,
que pueden convertir todo en una charla brillante
el hombre que desean hasta sentir frío,
el verdadero amor
y el aplastante domingo que hay que atravesar
para que su voz sea de nuevo
y todo empiece a cobrar vida.

Los amigos que me aman hablan de mis ojos,
ya sé, son importantes como las hojas en otoño,
pero todo cae a golpes
en estos domingos para lanas tibias, hijos que no tengo,
globos de colores en el parque.

Entre ritos familiares se calienta al sol
impura,
como si hubiera encendido fuego en viernes
o hubiera cantado en tierra extranjera.

De "Mujer de cierto orden" 1967


Domingo a la tarde

Cuando se sientan frente a frente
amores imposibles, quincallería amistosa,
tipos que se atrevieron y esa mujer intensa
que lleva augurios a felicidades que nunca entenderá,
la buena gente desecha las malas palabras,
la buena gente dice todos tienen posibilidades en la vida,
sienten crecer su amor por esa mujer intensa,
tan sola, que vivirá siempre detrás de una ventana
y todo lo que le ofrecen está demasiado azucarado.

De "Mujer de cierto orden" 1967


Soy una mujer sin problemas

Todos lo saben
y entonces buscan mi compañía para charlar por las noches.
Sin embargo yo conozco a alguien que quiere morir en paz consigo mismo
y me produce estremecimientos, insomnio, soledad,
porque la paz conmigo misma sería una guerra sin fin,
dos o tres asesinatos inevitables y alguna entrega desmedida
que no entra en mis planes.
Sin embargo yo sueño por las noches
con un jardín inmenso donde los muertos se levantan para saludarme;
yo sueño con un hombre que me inquieta y como lo ignora
me habla amigablemente del resto del mundo
y de mis múltiples amores, tan simpáticos,
tan apropiados como tema de conversación.

De "Mujer de cierto orden" 1967


Dulce post art nouveau

Desde este balcón miro llover sobre el mar
-Europa provee las imágenes de afiche I ,
cumple los sueños de barrio
su realidad aumenta la cursilería y la verdad-
yo hago una lista donde objetos amados
se mezclan con objetos necesarios
a los que el agua y la distancia confunde y a veces ni rescata

todos vuelven sobre esta calmísima agua
que llega hasta el pie de mi casa
pocos logran tener una cara

si la palabra tiene valor
esta distancia lo probará
si la palabra es vida y los que la manejan viven en ella
ésta es la prueba
si ya pensé mi vida o sea ya la viví
el agua de este mediterráneo tan muerto
es prueba y respuesta

De "Regreso a la patria" 1989


Tantas flores a la madrugada tanto vino blanco con los amigos...

Tantas flores a la madrugada tanto vino blanco con los amigos
íntima perdida última
tanta vida para la literatura
tanta hermosa fantasía desplegada
corazoncitos en los vidrios empañados en vez de amor
tanto lúcido ascendente iluminista buen alumno
aquellos mis amiguitos con su pacífico partido de izquierda
tanta prueba de amor colgada de un clavito
tanta vida tirada a los perros y a los cobardes
el recuerdo de algunos que en lo mejor de mi vida
en fin cambiemos de tema
después de besar a los íntimos todos los días
como si fuera la despedida del alma
puedo asegurarles que no les crearé ningún problema
soy muy inofensiva
no me pasearé por el mundo con plumas doradas
ni gritaré a destiempo
sólo qué tal va consiga un bote al exilio
o todo termine en un claustro con una labor de petit point

De "Regreso a la patria" 1989

Yo que moriré vendiendo las joyas...

Yo que moriré vendiendo las joyas
que nunca tuve
extiendo esta mano como si blandiera guante de encaje
que no conoció
porque hizo domésticas tareas
con sentido histórico hartazgo y cierta dignidad
yo que moriré
espero limpia y perfumada y es probable con olor a decencia
no olvidaré el escenario inaugural
donde se encendieron y apagaron las luces
donde creció mi adolescencia y murió mi juventud

De "Regreso a la patria" 1989


El sujeto de la izquierda

educada para ser
la magnífica militante de base de un partido
que por no leer la historia de mi país
se ha convertido en polvo no enamorado sino muerto
preparada para una eterna carrera de fondo
tengo ante los ojos una pared impenetrable
detrás de la cual sólo hay
otros 50 años de trabajo y espera
De "Interior con poeta" 1993

Extrañas parejas

siempre volví en olor de bienvenida
flores animalitos de mis colores
corazones de papel que son los que me importan
y ahora entro en una casa donde
hay que dar la luz y el agua
y no buscar bebida en vaso limpio no la hay
sólo una voz por el teléfono

he aceptado entrar en una casa a oscuras
para que en mi vida no echara raíces el patetismo

De "Interior con poeta" 1993


Interior con poeta III

Desde mi ventana
silencio de verano silencio de invierno
veo servir la comida
encenderse las luces
lámparas del atardecer mesas del mediodía
¿acogerían ellos a una sin patria?
¿no estaría mi corazón para siempre en otra tierra?
soy ajena a las ceremonias de la costumbre
que suelen acogerme para señalarme extranjera
vidas de espaldas al mar que es el camino de mi vida
De "Interior con poeta" 1993


El hombre que me compra flores...
el hombre que me compra flores
se las guarda en el bolsillo después de dedicármelas
recomienda serenidad ante mis síntomas y mis pérdidas,
cuando se ha asegurado de que recuerdo la hora del regreso
me pide que deje de buscar mi maleta
vuelva a calzarme mis incómodos zapatos
y busquemos un buen lugar para comer
De "Partida de las grandes líneas" 1997


Y por último, el bellísimo poema titulado:

 En otra vida yo miraba desde la ventana de un bar...
en otra vida yo miraba desde la ventana de un bar
cómo la tormenta aplastaba las flores azules contra los cordones
contra las paredes
y por ese momento único de la juventud que dura muy poco
supe que nunca olvidaría esa escena en que nada aparecía
de lo que amaba me interesaba o temía
ni novios ni odios ni otros poetas ni revistas de opinión ni
secretarios de barrio ni amigos imbuidos de una colonizada cultura pavesiana
sólo las flores azules y la lluvia
recuerdo el nombre del pueblo la hora y esa lluvia
que nunca en las décadas que siguieron confundí con alguna otra

De "La ley tu ley" 2000








Aquí, el prólogo que escribió en 2010 la poeta Tamara Kamenzain al poemario titulado: si alguien tiene que ser después, de Juana Bignozzi, Adriana Hidalgo 86 páginas.

                                                                            &

"Fue una poeta de poetas, que, sin embargo, no vivía solamente de poesía. La ópera y la pintura eran para ella tan importantes como Pavese. Era una poeta tremendamente culta. De ahí venía tal vez su idea de la belleza. Su último libro, minúsculo, perfecto a la manera de Bignozzi, se llamaba significativamente Las poetas visitan a Andrea del Sarto. En un verso de un libro anterior, Regreso a la patria (1989), hay una declaración que la sigue implicando: "Sé que largué un búmeran que todavía no volvió".

Dice Pablo Gianera en su necrológica publicada en el diario La Nación:

http://www.lanacion.com.ar/1816541-juana-bignozzi-poeta-de-tono-unico-y-belleza-inevitable


                                                                            &

Esta necrológica, por su parte, fue realizada por Silvina Friera, fue publicada en Página/12:


http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/4-36285-2015-08-06.html


                                                                            &

"Muy poco vallejeana ("leí muchísimo a Rubén Darío antes de leer a Vallejo"), nada coloquial ("no pertenezco a una clase obligada a defender lo popular"), alejada del rupturismo irracionalista del surrealismo ("Paul Eluard ha sido el único surrealista que me marcó durante mucho tiempo, por ser el menos ingenioso de todos"), la apuesta estética de Bignozzi se juega al margen de las líneas emblemáticas de los años ´60".


Dice de ella Guillermo Martínez en su nota realizada para La Nación titulada La justa belleza:


                                                                            &

Por último, la entrañable necrológica-despedida que publicó Beatriz Sarlo:




Gente: 

no olviden subir sus poemas. Bienvenida a la nueva integrante del taller, Adriana.

Y que la lluvia que se avecina durante toda la semana riegue nuestro trabajo poético.








Clase N° 43 - jueves 30 de julio 2015

"La poesía no puede cambiar el mundo, intensifica la conciencia pero no puede cambiar el mundo. La poesía tiene que ser subversiva en lo específico de su lenguaje, no en el contenido; para eso ya están los periódicos", dice Antonio Gamoneda.  

En uno de sus ensayos, define la poesía: 
"Es arte de la memoria en la perspectiva de la muerte".



Hoy veremos la poética de Antonio Gamoneda, absolutamente metafórica. Y curiosamente, un poeta al que la durísima realidad fue marcando su obra a fuego e indicándole el camino de su recorrido poético. La obra de Antonio Gamoneda, toda, es una suerte de particular autobiografía.

 Su voz tiene la cadencia pesada del hombre atravesado por la vida del siglo XX. Su búsqueda de la belleza tiene en sí misma el concepto de justicia. A través de su obra, relata la emoción de la vida diciendo “Yo vi lo que vi”.

Llama poderosamente la atención hasta qué punto el cerrojo y la imposibilidad de vivir en libertad lleva al hombre a aprender rápidamente a volar en metáforas. El poeta alimentó una voz que viene de la pobreza, de la militancia y del dolor.

De formación autodidacta, dirá en ocasión de recibir en 2006 el Premio Cervantes, el más importante otorgado para literatura en la lengua española, que viene de la penuria y del trabajo alienante. Que existe un estado pasional del pensamiento, desde una cultura de la pobreza, que es una cultura diferenciable de la que prospera en una situación privilegiada.



En su poética, Gamoneda no desarrolla un relato emotivo, ni siquiera cuando anuncia que va a hacerlo; los hechos se fragmentan en sensaciones, en detalles aislados de su contexto, transportan ecos de tiempos anteriores, a lo que el poeta llama interiorización. Sólo cuentan los sucesos interiorizados –escasos, hirientes– y éstos ofrecen su tenaz recurrencia, sus metamorfosis, su permanecer. Es una suerte peculiar de forma autobiográfica: no narrativa ni tampoco referencial de modo directo; pero sí tejida en la constancia de las imágenes y de los núcleos de interés, de los elementos que se tornan emblemáticos, de las figuras y personajes relevantes. Se trata de una dinámica minimalista y reiterativa que se impone en la lectura conjunta de la obra.


Fue el poeta que le dijo NO a la Real Academia de la Lengua Española, porque le correspondía estar allí por haber sido galardonado con el mayor premio de la lengua española.
-¿Por qué no?, le preguntó oportunamente una periodista. 
Respondió con natural ironía:

-¿Qué pintaba yo allí? Además hubiera tenido que perder a lo mejor tres días a la semana, porque entonces había menos trenes todavía. Luego se arregló lo de los trenes pero a mí no me tira eso. Yo pienso que la Academia está muy bien para los lingüistas y que los escritores están un poco de adorno allí. No es mi función.
En estos links podremos verlo y escucharlo en el discurso que dio  en el momento de recibir el Premio Cervantes:




El recurso poético que veremos, vinculado con Gamoneda, es la alegoría, es decir, un conjunto de metáforas encadenadas.

Antonio Gamoneda nació en Oviedo, 30 de mayo de 1931.

Aunque asturiano de nacimiento, desde los tres años vive en León, ciudad y entorno geográfico en el que se ha desarrollado su existencia y ha madurado su obra. Por su fecha de nacimiento se le ha relacionado con el grupo poético de la generación española del ´50.

Su padre, también llamado Antonio, fue un poeta modernista que publicó un único libro, Otra más alta vida, en 1919. En 1934, ya huérfano de padre, se trasladó con su madre, Amelia Lobón a León. La presencia de su madre como refugio ante el horror y la miseria de la guerra y la posguerra es recurrente en toda su poesía. En 1936, con las escuelas cerradas a causa de la Guerra Civil, aprendió a leer con uno de los pocos libros que había en su casa, el poemario de su padre ("considero imposible que, con la muerte por medio, pueda darse una relación más real entre un padre y un hijo que la que aconteció en mi infancia”, dijo).

En 1941 comenzó a recibir instrucción gratuita en el colegio religioso de los Padres Agustinos hasta 1943, año en el que el poeta se auto expulsó.
Su primer poema data de 1947. El poeta vivió inicialmente en el principal barrio obrero, y ferroviario, de la ciudad, El Crucero. Un entorno que supuso para el Gamoneda niño una descarnada vivencia de las miserias y crímenes de la Guerra Civil Española y, en especial, de la represión llevada a cabo por los 'nacionales' durante el conflicto y en la inmediata posguerra. Una experiencia no querida que impactó en su especial sensibilidad, dejando huella en la psicología y en la memoria del poeta ("Yo vi lo que vi”).

Al día siguiente de cumplir 14 años empezó a trabajar como meritorio y recadero en el hoy extinguido Banco Mercantil. Terminó por libre sus estudios medios y permaneció en la condición de empleado de banca durante veinticuatro años hasta 1969.

Mientras trabajaba en el banco tomó contacto y fue parte de la resistencia intelectual al franquismo. Se dio a conocer poéticamente con Sublevación inmóvil (1953-1959), publicado en Madrid en 1960, obra con la que fue finalista del premio Adonais de poesía, y que supuso una ruptura con las tradicionales reglas realistas de la época. En 1969 pasó a crear y dirigir los servicios culturales de la Diputación Provincial de León y, a partir del ´70, la colección Provincia de poesía, intentando promover una cultura progresista con el dinero de la dictadura. Fue privado de su condición de funcionario, y posteriormente recontratado, mediante sentencia judicial. Durante estos años comenzó a colaborar asiduamente en diferentes revistas culturales.

A esta etapa pertenecen La tierra y los labios (1947-1953), no publicado hasta la aparición del volumen Edad, que recoge su poesía hasta 1987; Exentos I (1959-1960), poemas no aparecidos hasta Edad; Blues castellano (1961-1966), obra no publicada por motivos de censura hasta 1982 y Exentos II (Pasión de la mirada) (1963-1970), publicada con múltiples variaciones en 1979 con el título León de la mirada.

A esta primera etapa siguió un silencio poético de siete u ocho años, significativamente años marcados por la muerte del dictador Francisco Franco y los inicios de la llamada transición. Este tiempo, manifiesto por la crisis existencial e ideológica, se hace sentir en su siguiente obra Descripción de la mentira, León 1977, un largo poema que marcó un giro hacia una total madurez poética. Posteriormente publica Lápidas (Madrid, 1987) y Edad, el volumen que recoge toda su poesía hasta 1987, revisada por el autor, y que le valió el Premio Nacional de Literatura.

En 1992 apareció Libro del frío, que lo consagra como uno de los poetas más importantes en lengua castellana. En el año 2000 vio la luz la versión definitiva de esta obra, que incluía Frío de Límites, obra procedente de una colaboración con Antoni Tàpies pero que, desgajada de la pintura, adquiría el carácter de addenda necesaria de Libro del frío. Previamente habían aparecido los poemas de Mortal 1936, acompañando a unas serigrafías de Juan Barjola sobre la matanza en la plaza de toros de Badajoz durante la Guerra Civil, y no llegaron a publicarse Exentos III (1993-1997).

Arden las pérdidas es publicado en 2003, libro que culmina la madurez iniciada en Descripción de la mentira, de una poesía en la perspectiva de la muerte en la que lo perdido (la infancia, el amor, los rostros del pasado, la ira…) aún arde en el tránsito hacia la vejez con mayor lucidez, con mayor claridad, con mayor frío. Tras él vendrán Cecilia (2004) y Esta luz: poesía reunida: (1947-2004), (2004).

En 2006 año obtuvo el Premio Reina Sofía y el Premio Cervantes.

Durante esta segunda etapa, entre 1979 hasta 1991, fue director gerente de la Fundación Sierra-Pambley, creada en 1887 por Francisco Giner de los Ríos bajo los principios de la Institución Libre de Enseñanza. Posteriormente fue miembro del Patronato hasta 2007.
El 20 de abril de 2008 introdujo un mensaje en la Caja de las Letras del Instituto Cervantes, cuyo contenido se sabrá en 2022.



La Película




"La belleza no es un lugar para cobardes", dice Gamoneda en la película que sobre su vida y obra se realizó en 2009 con el título Antonio Gamoneda. Escritura y Alquimia, una coproducción hispano-argentina realizada por Enrique Corti y César Renduelas, en la que se muestran los fogones creativos del poeta leonés.

La película, que es una reflexión en voz alta sobre el pensamiento poético del Premio Cervantes, su vida, sus orígenes y cómo se ha ido pergeñando ese mundo lleno de símbolos, dolores y silencios, fue rodada a lo largo de 2007, en su mayor parte en la casa de Gamoneda en León, pero también en sus calles, en los bosques y en los escenarios que han conformado su vida y su voz poética desde la infancia.

Fue producida por el Círculo de Bellas Artes, la Universidad Nacional de San Martín (Argentina) y la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales. El filme en color, que se construye también a partir de dos entrevistas realizadas por las poetas Amalia Iglesias y Julia Piera, y a distintos viajes que realizó el poeta por los escenarios que lo marcaron, también sale a la calle, editado en un volumen, al que acompaña un disco con las lectura poéticas que Gamoneda ha realizado a lo largo de dos décadas en el Círculo de Bellas Artes.

Antonio Gamoneda muestra al espectador retazos de su vida y sus confesiones más íntimas, en una documental lleno de imágenes con la nieve, el sol y el frío. Un frío que ha perseguido a Gamoneda desde la infancia, a la que dedicó El libro del frío. "El frío era inevitable", dice.

El documental también recoge la casa de la infancia del escritor en el barrio obrero. Sus dificultades, su militancia en la política clandestina, sus amigos en esas lides, a lo que ha perdido, él es el único superviviente. Unos se suicidaron y otros fueron muriendo.

La música de jazz, Billie Holliday. Su posicionamiento con los poetas coetáneos, de la generación de los ´50, a los que confiesa respetar en su mayoría, pero con los que es crítico por abanderar una supuesta poesía social y realista con la que el autor siempre se ha mostrado crítico.

La Guerra Civil, el barrio donde escuchaba de niño los gritos de las mujeres que veían cómo se llevaban a sus maridos, la dureza de la situación en la que quedaron su madre y él, que tuvo que trabajar desde jovencito, el color blanco, el libro de los venenos, con sus tarros, la poesía como veneno, o la pureza de la nieve, conforman este documental que comienza con la cabeza del autor realizada en barro por Jesús Martínez Labrador.

Una escultura que despierta con sus arrugas el sentimiento del poeta hacia la vejez, y un símbolo de un poeta que camina hacia la muerte sin miedo. Eso, según él, es la poesía: "Mi poesía está marcada por la temporalización y, por tanto, por la conciencia de muerte, pero yo amo la vida".
 

A continuación, ahora sí, veremos su poética, compuesta por una voz descarnada, sustantiva y metafórica. Verán que asimismo trabaja la prosa poética.


Algunos poemas de Antonio Gamoneda:

Incandescencia y ruinas

I

Yo invoco la cabeza
más sagrada que exista
debajo de la nieve.

Mi corazón azul
canta purificado por el silencio.


II

Vándalo de pureza,
hostígame. Si hablas,
yo bajaré mis labios
hasta el agua salvaje.

De aquella gruta donde
abrasa la frescura,
ha de surgir un rey
sucio de profecías.

Oh corazón que ves
en toda oscuridad,
cuándo estaremos ciegos
en luz, cuándo hablarás,
habitante del fuego.


III

Un perro milagroso
come en mi corazón.

Ceremonia salvaje:
mi dolor se incorpora
al perro enamorado.


IV

En la cavidad que sabes,
suena una voz. Lengua fría,
tú, que silbas en la noche,
metal vivo de palabras,
dime, loco ruiseñor
del invierno, dime, tú,
que quizá participas
de una materia luminosa,
a quién anuncias ya
además de a la muerte.


V

Anticanto de amor,
quién te beberá, quién
pondrá la boca en esta
espuma prohibida.
Quién, qué dios, qué
enloquecidas alas
podrán venir, amar
aquí.

      Donde no hay nada.


Propongo mi cabeza
atormentada...

Propongo mi cabeza atormentada
por la sed y la tumba. Yo quería
despedir un sonido de alegría;
quizá sueno a materia desollada.

Me justifico en el dolor. No hay nada;
yo no encuentro en mis huesos cobardía.
En mi canto se invierte la agonía;
es un caso de luz incorporada.

Propongo mi cabeza por si hubiera
necesidad de soportar un rayo.
No hablo por mí solo. Digo, juro

que la belleza es necesaria. Muera
lo que deba morir; lo que me callo.
No toques, Dios, mi corazón impuro.


Música de cámara

I

Si pudiera tener su nacimiento
en los ojos la música, sería
en los tuyos. El tiempo sonaría
a tensa oscuridad, a mundo lento.

Mezclas la luz en el cristal sediento
a intensidad y amor y sombra fría.
Todavía silencio, todavía
el sonido no tiene movimiento.

Pero llega un relámpago; se anudan
en los ojos lo bello y lo potente.
La fría sombra se convierte en fuego.

La belleza y el ansia se desnudan.
La música se eleva transparente.
Oh, sonido de amor, déjame ciego.


II

Yo, sin ojos, te miro transparente.
En la música estás, de ella has nacido;
de este grito de luz, de este sonido
a mundo amado luminosamente.

Y yo escucho después —agua creciente—
a la música en ti: todo el latido,
todo el pulso del aire convertido
a tu belleza, a tu perfil viviente.

Tumba y madre recíproca, del canto
orientas a tus venas la agonía,
y tus ojos asumen su potencia.

Oh prisión de la luz, después de tanto,
ya veo en el silencio: la armonía
es tu cuerpo, tu amada consistencia.



Blues del cementerio

Conozco un pueblo –no lo olvidaré–
que tiene un cementerio demasiado grande.
Hay en mi tierra un pueblo sin ventura
porque el cementerio es demasiado grande.
Sólo hay cuarenta almas en el pueblo.
No sé para qué tanto cementerio.

Cierto año la gente empezó a irse
y en muchas casas no quedaba nadie.
El año que la gente empezó a irse
en muchas casas no quedaba nadie.
Se llevaban los hijos y las camas.
Tenían que matar los animales.

El cementerio ya no tiene puertas
y allí entran y salen las gallinas.
El cementerio ya no tiene puertas
y salen al camino las ortigas.
Parece que saliera el cementerio
a los huertos y a las calles vacías.

Conozco un pueblo. No lo olvidaré.
Ay, en mi tierra sin ventura,
no olvidaré a mi pueblo.

¡Qué mala cosa es haber hecho
un cementerio demasiado grande!




1.
En la quietud de madres inclinadas sobre el abismo
En ciertas flores que se cerraron antes de ser abrasadas por el infortunio, antes de que
los caballos aprendieran a llorar.
En la humedad de los ancianos.
En la sustancia amarilla del corazón.

2.
Tras asistir a la ejecución de las alondras has descendido aún hasta encontrar tu rostro dividido entre el agua y la profundidad.
Te has inclinado sobre tu propia belleza y con tus dedos ágiles acaricias la piel de la mentira: ah tempestad de oro en tus oídos, mástiles en tu alma, profecías...
Mas las hormigas se dirigen hacia tus llagas y allí procrean sin descanso y hay azufre en las tazas donde debiera hervir la misericordia.
Es esbelta la sombra, es hermoso el abismo: ten cuidado, hijo mío, con ciertas alas que rozan tu corazón.

3.
No hay salud, no hay descanso. El animal oscuro viene en medio de los vientos y hay extracción de hombres bajo los números de la desgracia. No hay salud, no hay descanso. Crece un negro bramido y tú interpones los estambres más tristes (bajo un sol incesante, en un cuenco de llanto, en la raíz morada del augurio) y las madres insomnes, las que habitan las celdas del relámpago, deslizan sus miradas en un bosque de lápidas.
¿Gimen aún los pájaros? Todo está ensangrentado. Sordo en el fondo de la música, ¿debo insistir aún? Hay vigilancia en los jardines interpuestos entre mi espíritu y la precisión de los espías. Hay vigilancia en las iglesias.
Guárdate de la calcinación y del incesto; guárdate, digo, de ti misma, España
(Canción de los espías)

4.
Desde los balcones, sobre el portal oscuro, yo miraba con el rostro pegado a las barras frías; oculto tras las begonias, espiaba el movimiento de hombres cenceños. Algunos tenían las mejillas labradas por el grisú, dibujadas con terribles tramas azules; otros cantaban acunando una orfandad oculta. Eran hombres lentos, exasperados por la prohibición y el olor de la muerte.
(Mi madre, con los ojos muy abiertos, temerosa del crujido de las tarimas bajo sus pies, se acercó a mi espalda y, con violencia silenciosa, me retrajo hacia el interior de las habitaciones. Puso el dedo índice de la mano derecha sobre sus labios y cerró las hojas del balcón lentamente.)

5.
Vienen dibujando cúpulas: deshabitan fresnos y se alimentan de gramíneas blancas.
Sus alas se abren sobre mi frente como en los días de la enfermedad. Vi la infección en los jardines ciudadanos; vi las hormigas sobre algodones ensangrentados y, sin embargo, fue un día alimentado por la dulzura. Una canción se instalaba en la lentitud y la distancia habla en la música. Lame los cerros polvorientos antes de entrar en mi corazón. Aquella tarde sobre las ciénagas de Armunia puso veneno en mis oídos y una miel negra sobre los andenes de la Clasificación. Alguien gimió y los altavoces enmudecieron en el crepúsculo. Una tristeza giratoria acude a la restitución del silencio y las torres arden bajo los pájaros tardíos.

6. Llegan los números
En tus dos lenguas hoy estuve triste;
en la que habla de misericordia
y en la que arde ilícita.
En dos alambres puse mi esperanza.
Estoy viendo dos muertes en mi vida.

7.
Eran tiempos atravesados por los símbolos. Tuve un cordero negro. He olvidado su mirada y su nombre.
Al confluir cerca de mi casa, las sebes definían sendas que, entrecruzándose sin conducir a ninguna parte, cerraban minúsculos praderíos a los que yo acudía con mi cordero. Jugaba a extraviarme en el pequeño laberinto, pero sólo hasta que el silencio hacía brotar el temor como una gusanera dentro de mi vientre. Sucedía una y otra vez; yo sabía que el miedo iba a entrar en mí, pero yo iba a las praderas.
Finalmente, el cordero fue enviado a la carnicería, y yo aprendí que quienes me amaban también podían decidir sobre la administración de la muerte.

8.
Soy el que ya comienza a no existir
y el que solloza todavía.
Qué cansancio ser dos inútilmente.

9. Amor
Mi manera de amarte es sencilla:
te aprieto a mí
como si hubiera un poco de justicia en mi corazón
y yo te la pudiese dar con el cuerpo.
Cuando revuelvo tus cabellos
algo hermoso se forma entre mis manos.
Y casi no sé más. Yo sólo aspiro
a estar contigo en paz y a estar en paz
con un deber desconocido
que a veces pesa también en mi corazón.

10. Viene el olvido
La luz hierve debajo de mis párpados.
De un ruiseñor absorto en la ceniza, de sus negras entrañas musicales, surge una tempestad. Desciende el llanto a las antiguas celdas, advierto látigos vivientes y la mirada inmóvil de las bestias, su aguja fría en mi corazón.
Todo es presagio. La luz es médula de sombra: van a morir los insectos en las bujías del amanecer. Así arden en mí los significados.

11.
Había vértigo y luz en las arterias del relámpago,
fuego, semillas y una germinación desesperada.
Yo desgarraba la imposibilidad,
oía silbar a la máquina del llanto y me perdía en la espesura
vaginal. También entraba en urnas policiales. Así
olvidaba los ojos blancos de mi madre.
Vivía
Parece ser
Vivía
Ahora mismo atiendo distraído a mi estertor. No hay en mí
memoria ni olvido; única y simplemente lucidez.
Han desaparecido los significados y nada estorba ya a la
indiferencia.
Definitivamente, me he sentado
a esperar a la muerte
como quien espera noticias ya sabidas.

12. Sin razón
He interrogado hasta el amanecer al pozo
de las preguntas. Es mentira que el corazón
sepa decirse mejor en esa sombra.
He interrogado a la memoria y al camino,
y al cielo turbio que coagulaba dudas.
Pero no bastaba crecer en los escombros
del verbo, ni formular la cicatriz reciente.
Un paisaje de puertas: entran y salen
las mascarillas de la muerte. Un paisaje
de paredes que respiran, de paredes
taladradas por sus ojos insomnes.
Busca inútilmente
el rostro y su verdad, para que el miedo
aprenda a descifrar más despacio los pasos.
Una respuesta bastaría para narcotizar
la angustia, o el sopor de ser
gota a gota un espectro.
Buscas las piezas del puzzle
que faltaban, amontonas los trozos
pero se quedan fuera los detalles.
Una respuesta sólo bastaría...
Pero en los pasillos de la noche
sólo escuchas ese ruido de pies
acostumbrados a arrastrarse
hacia los desiertos.

13.
Entre el estiércol y el relámpago escucho el grito del pastor.
Aún hay luz sobre las alas del gavilán y yo desciendo a las hogueras húmedas.
He oído la campana de la nieve, he visto el hongo de la pureza, he creado el olvido.

14.
El cuerpo esplende en el zaguán profundo, ante la trenza del esparto y los armarios
destinados a los membrillos y las sombras.
De pronto, el llanto enciende los establos.
Una vecina lava la ropa fúnebre y sus brazos son blancos entre la noche y el agua.

15.
Alguien ha entrado en la memoria blanca, en la inmovilidad del corazón.
Veo una luz debajo de la niebla y la dulzura del error me hace cerrar los ojos.
En la ebriedad de la melancolía; como acercar el rostro a una rosa enferma, indecisa
entre el perfume y la muerte.

16.
Tu cabello encanece entre mis manos y, como aguas silenciosas, nos abandonan los recuerdos. Siento la frialdad de la existencia pero tu olor se extiende en las habitaciones y tu lascivia vive en mi corazón y entra mi pensamiento en tus heridas.

17.
Amé las desapariciones y ahora el último rostro ha salido de mí.
He atravesado las cortinas blancas:
ya sólo hay luz dentro de mis ojos.




No olviden subir sus poemas al blog. ¡Buena semana poética!