sábado, 20 de septiembre de 2014

Clase N° 19 - 18 de septiembre 2014

Hoy veremos la obra de Ricardo Molinari, un poeta argentino muy poco recordado. Yo lo llamo “el poeta invisible”, ya que a lo largo de su vida trató de pasar inadvertido, de no hacerse notar.

Noticia biográfica

Ricardo Eufemio Molinari nació en Buenos Aires el 20 de mayo de 1898  y falleció el 31 de julio de 1996. Su obra se enmarca dentro del movimiento ultraísta existente en su país. En 1958 recibió el premio Nacional de Literatura.

Molinari quedó huérfano cuando tenía cinco años, y se crió con su abuela materna, en una antigua casa del barrio de Villa Urquiza. Abandonó sus estudios para convertirse en un precoz poeta. Su formación la debe en parte a los clásicos españoles (de ahí su predilección por el romance, las coplas, el soneto) y a la poesía francesa, de la erigió como maestro a Mallarmé. Sus obras se caracterizan por no romper con el pasado y continuar con la tradición hispánica y americana precedentes (Góngora, Garcilaso de la Vega y el romancero).

De joven integró el grupo generacional más destacado del siglo XX literario: el que reunió en torno de la revista Martín Fierro, junto con Borges, Marechal, Oliverio Girondo, Francisco Luis Bernárdez, Nalé Roxlo.

En 1927 apareció su primer libro, "El imaginero", y dos años más tarde, "El pez y la manzana". Hacia 1933 viajó a España, donde conoció a los poetas españoles de la generación del 27: García Lorca, Rafael Alberti, Manuel Altolaguirre y Gerardo Diego, uno de sus descubridores.

Después de casarse, trabajó en el Congreso de la Nación hasta su jubilación. Fue premiado en 1958 con el Premio Nacional de Poesía por su trabajo Unida Noche y se convirtió en un miembro de la Academia Argentina de las Letras en 1968. En 1969 fue distinguido con el Gran Premio de Honor de la SADE. En 1984 la Fundación Konex le otorgó el Premio Konex de Platino en Letras.


Principales obras

    El Imaginero, (1927)
    Hostería de la rosa y el clavel, 1933
    Una rosa para Stefan George, 1934
    El Tabernáculo, 1937
    La tierra y el héroe, 1939
    La corona, 1939
    El alejado, 1943
    Mundos de la madrugada, 1943
    El huésped y la melancolía, 1946
    Esta rosa oscura del aire, 1949
    Días donde la tarde es un pájaro, 1954
    Cinco canciones a una paloma que es el alma, 1955
    Oda a la pampa, 1956
    Un día, el tiempo y las nubes, 1964
    La hoguera transparente, 1970
    La Escudilla, 1973
    Las sombras del pájaro tostado, 1975

Estilo literario

Molinari trabaja su poesía bajo la métrica de la oda y la elegía. Ambas son métricas antiguas, grecolatinas. Lo bucólico, campestre. Junto con el poeta Juan L Ortiz, que era más libre y no estaba limitado a una métrica, fueron considerados los poetas de la naturaleza.

En una nota publicada en La Nación en ocasión de su muerte, se puede leer:

“… fue el poeta de nuestras llanuras, de nuestros grandes ríos, de los cielos surcados de nubes y de pájaros, arrasados por los vientos del sudoeste. A este paisaje argentino lo pobló de luz metafísica, lo iluminó de historia y de tiempo, lo habitó con su voz personal y entrañable. Amó como pocos la naturaleza: en todos sus poemas hay algo siempre infinitamente nuestro, árboles, aves, pastos, caballadas, veranos, ríos "abrasados por el sol y la soledad sombría". En medio de nuestra poesía rica y diversa, su obra tiene la estatura de las cumbres más altas: es uno de esos cuatro o cinco nombres que sobreviven a través de todo un siglo, indemne a los cambios y a los juicios versátiles de las épocas.”

Les incluimos el link para quienes quieran leer el artículo:



Ultraísmo

El siglo XX se inició con una profusión de “ismos”: tendencias y modas en el arte que fueron cambiando la forma de percepción y expresión, a través de fuertes rupturas y cuestionamientos de las reglas, preconceptos y tendencias vigentes, de la mano de una imparable revolución tecnológica que afectó de manera irreversible a la vida de las personas a través de nuevas modalidades de comunicación y expresión, una revolución en las forma de transporte, y, especialmente, el avance arrollador de la tecnología bélica, que cuyo mayor exponente fue gran guerra europea, conocida luego como primera guerra mundial, y que marcó un nuevo hito en la cantidad de muertos y la destrucción de  ciudades. Esta locura tuvo una contracara en el arte, que tuvo una necesidad profunda de mostrar vitalidad, rebeldía, novedad.  Uno de estos movimientos, fue el ultraísmo.

El ultraísmo es un movimiento literario nacido en España en 1918, con la declarada intención de enfrentarse al modernismo, que había dominado la poesía en lengua española desde fines del siglo XIX. El término “ultra” en su acepción de “más allá” promovía empujar afuera, quitar a las tendencias artísticas vigentes, especialmente el modernismo, que había llegado a España desde América.

Fue lanzado en las tertulias del Café Colonial de Madrid, presididas por Rafael Cansinos Assens. Entre otros, formaron parte del núcleo ultraísta Gerardo Diego, Pedro Garfias, Juan Larrea, Ernesto López-Parra, Lucía Sánchez Saornil, Guillermo de Torre y el sevillano Isaac del Vando Villar. A continuación, vemos un fragmento del manifiesto ultraísta español:

Nuestra literatura debe renovarse; debe lograr su ultra como hoy pretenden lograrlo nuestro pensamiento científico y político. Nuestro lema será ultra y en nuestro credo cabrán todas las tendencias, sin distinción, con tal que expresen un anhelo nuevo. Más tarde estas tendencias lograrán su núcleo y se definirán. Por el momento, creemos suficiente lanzar este grito de renovación y anunciar la publicación de una revista, que llevará este título de Ultra, y en la que sólo lo nuevo hallará acogida. Jóvenes, rompamos por una vez nuestro retraimiento y afirmemos nuestra voluntad de superar a los precursores.

Molinari estuvo vinculado con el ultraísmo argentino, que es una variante del movimiento surgido en España y que fue “importado” al país por Borges. Luego de vivir en Suiza durante la Gran Guerra, pasó por España donde se relacionó, entre otros, con Rafael Cansinos Assens, a quien siempre consideró su maestro.

En un artículo publicado en la revista Nosotros, de Buenos Aires, en 1921, Borges sintetizó así los objetivos del ultraísmo:

1.    Uso de la metáfora.
2.    Tachadura de las frases medianeras, los nexos y los adjetivos inútiles.
3.    Abolición de los trebejos ornamentales, el confesionalismo, la circunstanciación, las prédicas y la nebulosidad rebuscada.
4.    Síntesis de dos o más imágenes en una, que ensancha de ese modo su facultad de sugerencia.
5.    Imágenes y metáforas chocantes, ilógicas, donde destacan el mundo del cine, del deporte, del adelanto técnico: "Los motores suenan mejor que endecasílabos" (Guillermo de Torre). El feísmo (Girondo)
6.    Tendencia a establecer una disposición tipográfica nueva de las palabras del poema, pretendiendo de ese modo hacer ver una fusión de la plástica y la poesía. Explotan la espacialidad de la página. Es poesía escrita, no leída. Vincula la poesía con la plástica (a diferencia del modernismo, que se asociaba con la música).
7.    Neologismos, tecnicismos y palabras esdrújulas.
8.    Eliminación de la rima..

La expresión «trebejos ornamentales» era una clara referencia al modernismo rubendariano, al que los ultraístas consideraban recargado de adorno y sin sustancia. El ultraísmo coincidía con las otras vanguardias en eliminar el sentimentalismo.

El ultraísmo era afín al creacionismo, del poeta chileno Vicente Huidobro, quien pasó por las tertulias de los ultraístas. Huidobro pretendía que un poema fuera siempre un objeto nuevo y distinto a los demás, que debía crearse «como la naturaleza crea un árbol», posición que implicaba la libertad del poema frente a la realidad, incluida la realidad íntima del autor.

Como se ve en los textos fundacionales, el ultraísmo argentino se diferenciaba del español por incluir un cierto tono paródico, burlón, pero además, incluía el criollismo.



Obra poética de Molinari

Oda a la Pampa


                                                                                                 Doquier cielo i soledades
                                                                                                 de Dios solo conocidas,
                                                                                                 que él solo puede sondear.

                                                                                                                  ECHEVERRÍA
                                                    I

 Junto a tus lejanías quietas e igual a una palmera, parado y batido por el viento del cielo en la tarde,
 te miro, patria, y la sonriente ternura de la muerte llama por mis ojos
 a los escondidos sueños.

 Los altos y amarillos pastos vuelven hacia el sol poniente las ríspidas hojas y la aheleada espiga desnuda,
 y ascienden los últimos pájaros por el espacio;
 y salido y pegado en ti, sostenido, busco tu horrible nostalgia transparente
 y mi sombra sobre la nación, vacilante y detenida.
 ¡El ánade solitario es como mi corazón rosado en marzo!

 En ti, patria, desciendo como la luz, y en ti, vuelvo hacia dentro igual a una tempestad;
 llamo, y sólo las sutiles hierbas me oyen y sienten pasar como una ráfaga también perdida.
 ¡Oh, nubes, vacíos grandes, y las desesperadas planicies donde el viento, sin descanso, en el viento habita!
 Y sólo a ti, melancolía madre, llega el corazón del hombre, de tus hijos,
 de tus penumbras ardientes. ¡Y sólo a ti, patria, queremos!

 ¡Y solo vuela el ánade en marzo!


                                                    II

 El viento corre detrás del verano y arrastra el polvo fino, la semilla de las negras hierbas,
 y el día es hermoso y suave como una flor en la apretada claridad del aire.

 La luz mueve su abierta corona sin ver la sombra de sus cabellos en la llanura,
 y sin oír las secas y murmurantes aguas, ni sentir el soplo sombrío entre unas brillantes cañas.

 Sola la memoria canta olvidada:

                     El viento de la tarde
                          silbando andaba,
                     como pájaro oscuro
                          en fresca rama.
                     Este es el triunfo, madre,
                          de enamorado,
                      las penitas afuera,
                      aire liviano.

                      Ciega se estaba el agua
                            mirando el alma,
                      dicen que dulce y tersas
                              se conversaban.
                      Este es el triunfo, madre,
                               que no termina;
                      más quiero olvido, sueño,
                               que despedida.

                       El viento de la noche
                                la mar velaba,
                       remando solitario
                                en negra cama.
                       Este es el triunfo, madre,
                                del tiempo frío;
                       del corazón que a veces
                                canta perdido.

                       ¡Y qué bonito el aire,
                                 madre, en el aire!

 ¡Y solo remonta el ánade en marzo!


                                                    III

 Vuelto y retornado a ti, miro tu ansiedad abandonada y el romper de golpe de las estaciones,
 unas con las lluvias y devorantes nieblas, y otras, ya en el resplandor de las flores y el levantar de los patos silvestres por el firmamento;
 allí, donde la perdiz canta escondida y sube temblando como el agua.

 Escogido, te prefiero a ti sin amargura, temporal sobre la tierra, nombrado y olvidado,
 y antiguo igual al fuego entre las llamas, miro mi pasada suerte en el ocio, en el vagar
 por tus nubes, como tus pájaros de las planicies.

 ¡Y llega el otoño, y ya oigo el retumbar
 del tambor de la tormenta en el desierto!

(en Unida noche, 1957)

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SONETO SUCEDIDO

No vuelve, no, la luz, ni la mañana,
no, ni la primavera alta perdida.
No vuelven; no, imposible; no, la vida,
la ausencia, el aire, ni la sed lejana.

No; para qué, nada vuelve, no -vanala
rosa de otro día, despedida;
el esmaltado ramo, de hoja ardida;
aquel rostro, aquel río, una hora ufana.

No; nunca, muerte mía, no, qué horrible.
Déjame en bien o en tiranía solo,
absoluto, sujeto, deshabido.

Ciego y ausente para mí, terrible;
áspero, mudo -nada-, quizás ola.
Amor; sí increíblemente sucedido.
No vuelven, no imposible”


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Mi pasión tiene la forma de un río apresado...
                                                                                        A Luis J. Morganti

Mi pasión tiene la forma de un río apresado por
     el desierto,
como por una noche penetrante,
inmóvil.

Amor es abrir la arena con narcisos.
(Dejen mi rostro apoyado en el agua
hasta que se me enfríe la voz,
solitariamente.)
Deseo una corona abandonada por su cuello,
besar el aire de su cabello hasta llenarme de vacío
De otra vida.

Nadie sabe hasta dónde llega el destierro;
que hace la tarde con un clavel, con un día caído
     de mi mejilla.

el cielo es cielo, y yo estoy tan lejos,
como una lanza junto a una cota empañada
por los arroyos de la noche.  Ay, en un costado de la tierra,
     con un nombre sordo,
mojándome el cuerpo distraído.

Gualeguaychú, abril de 1937

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Cante mi mundo de amor...

Cante mi mundo de amor,
tan dulcemente, que el viento
frío sienta su dolor
de nieve dura en mi aliento.
Corona de aire ofrecido,
río de calor cedido
al olvido; a un amante
sueño, exacto. ¡Mundo! Mundo
mío -tuyo-, ya profundo
en ¡ay! de cierzo distante.

Palma sedienta, jacinto
asido. Cantar a un día
turbado -solo aún-, distinto,
con su muerte todavía.
Rama de espacio celoso,
rumbo huido, riguroso.
Muro, flor, herida: ¡suelo
deshallado! Único. Sola.
Mi fe con su tiempo, aureola
de mundo solo, en tu cielo.

Brizna alta. Universo. Río.
Tu cielo, tu cielo, fuente
unida, ya sin vacío.
Eterno, eterna, luciente.
Que nadie toque tu rosa
de sonido, angustiosa
ayer, sin vida. Aire amado,
crecido: escúchame hoy -alma
viva- cantar en la calma,
en desierto enamorado.

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También trabajó tankas, pero ya en algún momento ampliaremos el tema o le dedicaremos una clase específica a esta medida japonesa similar al haiku.

A modo de ejemplo, colocaré sólo uno:

Sube la nave
y en el alba espuma baja.
asoma y brilla,
la barba deshojada,
cana y sin mariposas.


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El recurso que veremos hoy es la derivación:

Se trata de un recurso fónico. Es el vínculo de palabras que provienen de una misma raíz.

Ejemplos:

Violeta Parra

No lloro yo por llorar,
sino por hallar sosiego;
mi llorar es como un ruego
que naide quier’ escuchar.
Del ver y considerar
la triste calamidá’
que vive l’humanidá’
en toda su longitú’:
l’escasez de la virtú’
es lo que me hace llorar.

Ayer, buscando trabajo,
llamé a una puerta de fierro.
Como si yo fuera un perro
me miran de arrib’ abajo.
Con promesas a destajo
me han hecho volver cien veces,
como si gusto les diese
al verme solicitar.
Muy caro me hacen pagar
el pan que me pertenece.

No demando caridá’,
ni menos pid’ un favor;
pido con mucho rigor
mi derecho a trabajar;
yo quiero ganar mi pan,
mi harina y mi ají picante.
Con su sonrisa farsante
me dicen por vez postrera,
que al llegar la primavera
puede ser que haiga vacante.

Así me pasan los días,
uno sobre otro en las mesmas,
veo que llega Cuaresma,
una más y otra enseguí’a.
Le ruego a San Jeremías,
le prendo vela tras vela,
más sordo que l’entretela
se burla de mis quebrantos.
Si no me conduel’ el santo,
¿quien quiero que se conduela?

No pierdo las esperanzas
de qu’esto tenga su arreglo,
un día este pobre pueblo
teng’ una feliz mudanza.
El toro solo se amansa
montándolo bien en pelo;
no tengo ningún recelo
de verle la pajarilla,
cuando se dé la tortilla
la vuelta que tanto anhelo


Romance del enamorado y la muerte

Un sueño soñaba anoche,
Soñito del alma mía,
Soñaba con mis amores
Que en mis brazos los tenía.
Vi entrar señora tan blanca
Muy más que la nieve fría.
- ¿Por dónde has entrado, amor?
¿Cómo has entrado, mi vida?
Las puertas están cerradas,
Ventanas y celosías.
- No soy el amor, amante:
la Muerte que Dios te envía.
- ¡Ay, Muerte tan rigurosa,
déjame vivir un día!
Un día no puede ser,
una hora tienes de vida.
Muy de prisa se calzaba,
Más de prisa se vestía;
Ya se va para la calle,

en donde su amor vivía.
- ¿Cómo te podré yo abrir
si la ocasión no es venida?
Mi padre no fue al palacio
Mi madre no está dormida.
- Si no me abres esta noche,
ya no me abrirás, querida;
la Muerte me está buscando,
junto a tí, vida sería.
- Vete bajo la ventana
donde labraba y cosía,
te echaré cordón de seda
para que subas arriba,
y si el cordón no alcanzare
mis trenzas añadiría.
La fina seda se rompe;
La Muerte que allí venía:
- Vamos, el enamorado,
que la hora ya está cumplida.

(Anónimo)


Hasta la próxima clase, y recuerden subir sus poemas al blog. 

sábado, 6 de septiembre de 2014

Clase N° 18 - 4 de septiembre 2014

Esta clase está dedicada a la memoria de Gustavo Cerati, poeta y músico genial, quien finalmente hoy levantó vuelo luego de pasar 4 años en coma. Y la mejor forma de recordarlo es en su plenitud, lleno de vida, como se lo ve  en este videoclip desprolijo, íntimo, casi de entrecasa, en el que cuenta que él y su mujer están esperando a su primer hijo:


La semana que viene nos visitará María Rosa Lojo, una de las más importantes escritoras argentinas contemporáneas, que además es investigadora del Conicet. Ella “descubrió” para la literatura a Eduarda Mansilla, hermana de Lucio V. Mansilla.

Ella acaba de publicar Todos éramos hijos, una novela casi autobiográfica, ambientada en los ´70, sobre un grupo de estudiantes secundarios de un colegio católico, que abrazan la teología de la liberación, con todo lo que ello conllevó. 

Pero el tema de su disertación versará sobre Olga Orozco, una poeta argentina muy original, donde lo emergente de ella es el surrealismo.

Olga Orozco

Biografía

Hija de Carmelo Gugliotta, siciliano de Capo d' Orlando, y de la argentina Cecilia Orozco. Pasó sus primeros años entre Toay (La Pampa), patria chica de su madre, y Buenos Aires. En 1928, la familia se mudó a Bahía Blanca y ocho años más tarde a Buenos Aires. Se graduó como maestra, profesión que nunca ejerció, y más tarde se licenció en la facultad de Filosofía y Letras. Desde muy joven fue una de las integrantes del grupo literario surrealista Tercera Vanguardia, al cual pertenecían a su vez, entre otros, Oliverio Girondo y Ulises Mezzera. En Letras conoció a Alejandra Pizarnik

Trabajó en periodismo empleando varios seudónimos y dirigió, también, algunas publicaciones literarias. Así, colaboró en la revista Canto que dirigía su primer esposo, el poeta Miguel Angel Gómez y reunía a la llamada Generación del 40. Por esa época hacía comentarios sobre teatro clásico español y argentino en Radio Municipal; fue actriz teatral (personaje Mónica Videla 1947-1954) y trabajó en Radio Splendid en la compañía de Nidia Reynal y Héctor Coire. En los años sesenta fue redactora en la revista Claudia y organizó el horóscopo del diario Clarín durante los años 1968 y 1974.

Formó parte de la generación «Tercera Vanguardia de marcada tendencia surrealista, y basó su producción poética en la influencia que en ella ejercieran San Juan de la Cruz, Rimbaud, Nerval, Baudelaire, Milosz y Rilke (seis poetas sagrados e idolatrados por este grupo surrealista argentino). Lo más importante de su producción se encuentra en los poemarios, de alguna manera prolongados en un libro de prosas poéticas narrativas: La oscuridad es otro sol (1967).

Su gran amor fue el arquitecto Valerio Peluffo, con quien se casó en 1965. Después de la muerte de Peluffo, acaecida en 1990, le dedicó el poema En la brisa, un momento, que contiene los siguientes versos:

Ah, si pudiera encontrar en las paredes blancas de la hora más cruel / esa larga fisura por donde te fuiste, / ese tajo que atravesó el pasado y cortó el porvenir, / acaso nos veríamos más desnudos que nunca, como después de nunca, / como después del paraíso que perdimos, / y hasta quizás podríamos nombrarnos con los últimos nombres, / esos que solamente Dios conoce, / y descubrir los pliegues ignorados de nuestra propia historia / cubriendo las respuestas que callamos, / incrustadas tal vez como piedras preciosas en el fondo del alma.

Falleció de un paro cardíaco a los 79 años en el sanatorio Anchorena, Buenos Aires, en 1999.

Obra
Desde lejos (1946)
Las muertes (1952)
Los juegos peligrosos (1962)
La oscuridad es otro sol (1967)
Museo salvaje (1974)
Veintinueve poemas (1975)
Cantos a Berenice (1977)
Mutaciones de la realidad (1979)
La noche a la deriva (1984)
Páginas de Olga Orozco (1984) (Antología con prólogo de Cristina Piña)
En el revés del cielo (1987)
Con esta boca en este mundo (1994)
También la luz es un abismo (1995)
Relámpagos de lo invisible (1998) (Antología)
Eclipses y fulgores (1998) (Antología)
Últimos poemas (2009)
El jardín posible (2009) (Antología con prólogo de Marisa Negri)
Poesía Completa (2012) (Adriana Hidalgo Editora)

Sobre sus ocho seudónimos:

Habíamos comentado que Olga Orozco utilizó numerosos seudónimos a lo largo de su carrera, que le permitieron escribir sobre temas tan disímiles como horóscopos, consultorios sentimentales, además de su trabajo periodístico. A continuación, presentamos un artículo publicado por Jorge Boccanera, en ocasión de la salida del libro “Yo, Claudia” de Marisa Negri donde se exploran esas diferentes facetas de su personalidad y su obra y una inquietante “profecía” de ribetes siniestros:

La poeta “vidente” Olga Orozco firmó como “Jorge Videla”

La poeta argentina Olga Orozco (1920-1999), con una obra relevante en la que ocupan lugares primordiales máscaras y desdoblamientos, utilizó ocho seudónimos para firmar sus notas misceláneas publicadas en los años 60 en la revista Claudia.
Por Jorge Boccanera

De reciente aparición el libro “Yo, Claudia” a cargo de Marisa Negri, publicado por Ediciones en Danza con una selección de notas de Orozco, permiten al lector adentrarse en una prosa fluida en sus distintos abordajes: el retrato de personajes, la crítica literaria, el ensayo breve e inclusive el correo sentimental.

Ese trabajo —Orozco colaboró también en otros medios— se inscribe en un hacer “periodístico” que está en verdad más cerca del relato que del dato informativo y la nota de actualidad; esa narrativa fantástica acuñada en sus libros de cuentos: La oscuridad es otro sol y También la luz es un abismo.

Con la salida de Yo, Claudia, es posible analizar notas publicadas en la revista Claudia entre 1965 y 1974, como también observar el contexto en que fueron escritas, y ver cómo resuenan esos trabajos en consonancia con su obra poética y narrativa.

Un detalle imposible de pasar por alto es que entre los seudónimos elegidos por la poeta —”Elena Prado”, “Valentine Charpentier”, “Valeria Guzmán”, “Richard Reiner”, “Carlota Ezcurra”, “Sergio Medina” y “Martín Yáñez”— resalta el de “Jorge Videla”, por las connotaciones políticas que iba a tener este nombre diez años más tarde en el marco de la dictadura argentina.

Hay que recordar que ya entre 1947 y 1954, Orozco había trabajado como actriz en radio Splendid, bajo el nombre de “Mónica Videla”.

En una entrevista de fines de los 90, Orozco sostuvo: “Entre otras cosas hice horóscopos para Clarín como «Canopus», el nombre de una estrella (…) En la revista Claudia tuve ocho o nueve seudónimos (…)

Uno de los elegidos al azar, hoy me conmociona, ya que firmaba los artículos científicos como Jorge Videla”.

En la misma entrevista cuenta haber sido una niña solitaria con “videncia”, “vislumbres”: “adivinaba muchas cosas”.

Sin pretender instalar asociaciones forzadas respecto a la elección de aquel seudónimo y esa supuesta capacidad premonitoria (subrayada tanto en su vida como en obra poética) hay un dato en Yo, Claudia que llama poderosamente la atención: Una de sus notas firmada como “Jorge Videla” durante 1967 en las páginas de la revista Claudia, se titula “Rapto” y entre sus primeras líneas figura ésta: “Ha desaparecido nuestra hija”.

Si bien se ubica lejos del devenir político (la nota está dirigida a raptos de jóvenes mediante engaños o violencia con fines delincuenciales y sexuales) resulta imposible no relacionarla con los secuestros, moneda corriente en la última dictadura; además habla de N.N, de robo y apoderamientos de niños.

Al calor de lo dicho, se resignifica una línea de un poema  perteneciente a su primer libro, Desde lejos(1946), en la que la voz que en su obra alude en forma reiterada a un juego de presencias-ausencias: “la niña del espanto que escucha, como antaño junto al muro derruido,/ las lentas voces de los desaparecidos”.

Este análisis no tiene la pretensión de ubicar esos textos dentro de una intencionalidad política —aunque sí podría hablarse de la hondura humana de Orozco—, sí resaltar ese tipo de ¿coincidencias? que resuenan en una poesía signada por el presentimiento, tema que asoma en otras notas de Yo, Claudia bajo los títulos de: “Videncia, un viaje al misterio” y “El futuro a través del pasado”, entre otras.

Destacan entre los textos rescatados por Negri: “Otras caras de Gardel” (con conocimiento del personaje y del tema del tango); “El caso Marilyn” (donde indaga más allá de imagen frívola de la estrella para culminar con una línea: “murió en un solo, inmenso naufragio”), y un resumen biográfico de Madame Curie.

El lenguaje “periodístico” de Orozco es una prosa rica en imágenes y un montaje que dinamiza el texto en base al modo de plantear interrogantes (incorporando al lector), y apelar a traspasos de voz en los que participan protagonistas y la propia Marilyn, recreada en un monólogo de Orozco.

Asimismo sobresalen notas dedicadas al Existencialismo y a Jorge Luis Borges; a quien define en unos pocos conceptos: laberintos mentales, conjeturas, vidas simbólicas, bifurcaciones de tiempos y de destinos, ajedreces y espejos infinitos.

Respecto a las reseñas bibliográficas sobre libros de Juan Filloy, Jack Kerouac, Macedonio Fernández y Griselda Gambaro,  revelan una mirada crítica, informada y nada condescendiente.

No hay dudas de que Yo, Claudia aporta un material poco  conocido de una de las poetas más destacadas de Argentina, desdoblada en narradora, traductora y dramaturga.

Aunque la brevísima introducción (Marisa Negri figura a cargo del prólogo y la investigación), deja de lado aspectos relevantes como los matices entre las voces encarnadas por los seudónimos; la relación entre esta prosa y los libros de ficción y el marco cronológico de su labor en Claudia, un tiempo por demás convulso en la vida argentina.

Y sobre todo deja de lado la marca de género de los textos de Orozco, difundidos en una publicación “femenina” que llegó a un tiraje de 180 mil ejemplares y que con un lenguaje innovador, reflejó un estilo de vida de la mujer moderna en el marco de las transformaciones culturales de los años 60.
Fuente Telam


Sobre su obra poética

Olga Orozco pertenecía a la generación de los ´40, que adopta al surrealismo que viene de Francia, cuna de la cultura y de la vanguardia de la época. Ésta es una poesía repentista. Hay tres excelentes poetas argentinos, casi olvidados, Alberto Girri, Enrique Molina (mucho más abordable que Girri, que es más hermético) y Olga Orozco.

El surrealismo tiene que ver con el inconsciente, que “surgía” de la mano de Sigmund Freud. Se trabaja la escritura automática, que tiene que ver con la poesía.

El fluir de la conciencia tiene que ver con la prosa. No es algo fácil, pues en realidad es una construcción que imita el fluir de la conciencia. El primero que experimenta este recurso es James Joyce, en  su Ulises. El narrador omnisciente va guiando al lector por el hilo de su pensamiento. Es una manera de orientarlo… desorientándolo, sorprendiéndolo. Otro ejemplo donde podemos encontrar el recurso del fluir de la conciencia es la novela  El guardián entre el centeno, de J. D. Salinger.

Volviendo a Olga Orozco, se caracteriza por una inteligencia sutil que le permite una extraordinaria capacidad para recurrir a los tropos —una característica suya es el uso frecuente y logrado que hace del oxímoron—; también sabe hacer uso de versículos de la Biblia, en los que desarrolla una especial y visionaria imaginación pródiga en expresiones.

 Sus temas más frecuentes son la evocación de la niñez, que asimila con la época del paraíso perdido, la adolescencia - época de la develación - o, en última instancia, el recurso de la memoria en donde el tiempo parece a resguardo y recuperable ante la muerte.

La influencia de los relatos en boca de su abuela María Laureana la llevarán a desarrollar una poética en donde la infancia es una puerta iniciática. Su vínculo con el tarot la lleva a escribir poemas como "Cartomancia" o "Para destruir a la enemiga". Olga ritualiza cada gesto vinculado con el acto de escribir. Así por ejemplo, solía repetir en entrevistas que acostumbraba escribir con una piedra en cada mano. Una traída de donde nació su padre, otra de la tierra de su madre y una tercera que le había obsequiado un amigo de la infancia cuando se muda de Toay a Bahía Blanca.

Ella se siente como una especie de médium, como el poeta vidente hacia otros mundos.

La transformación de las palabras del vocabulario cotidiano hacia un plano más elevado, como es de la poesía, hace que ella se transforme en vidente. Eso se ve en Cantos a Berenice, poemario dedicado a su gata.

En un reportaje, Olga Orozco dijo:
“El poeta ve lo poético aún en las cosas más corrientes“.



Veamos algunos de sus poemas:

En el final era el verbo

Como si fueran sombras de sombras que se alejan las palabras,
humaredas errantes exhaladas por la boca del viento,
así se me dispersan, se me pierden de vista contra las puertas del silencio.
Son menos que las últimas borras de un color, que un suspiro en la hierba;
fantasmas que ni siquiera se asemejan al reflejo que fueron.
Entonces ¿no habrá nada que se mantenga en su lugar,
nada que se confunda con su nombre desde la piel hasta los huesos?
Y yo que me cobijaba en las palabras como en los pliegues de la revelación
o que fundaba mundos de visiones sin fondo
para sustituir los jardines del edén sobre las piedras del vocablo.
¿Y no he intentado acaso pronunciar hacia atrás todos los alfabetos de la muerte?
¿No era ese tu triunfo en las tinieblas, poesía?
Cada palabra a imagen de otra luz, a semejanza de otro abismo,
cada una con su cortejo de constelaciones, con su nido de víboras,
pero dispuesta a tejer y a destejer desde su propio costado el universo
y a prescindir de mí hasta el último nudo.
Extensiones sin límites plegadas bajo el signo de un ala,
urdimbres como andrajos para dejar pasar el soplo alucinante de los dioses,
reversos donde el misterio se desnuda,
donde arroja uno a uno los sucesivos velos, los sucesivos nombres,
sin alcanzar jamás el corazón cerrado de la rosa.
Yo velaba incrustada en el ardiente hielo, en la hoguera escarchada,
traduciendo relámpagos, desenhebrando dinastías de voces,
bajo un código tan indescifrable como el de las estrellas o el de las hormigas.
Miraba las palabras al trasluz.
Veía desfilar sus oscuras progenies hasta el final del verbo.
Quería descubrir a Dios por transparencia.
El revés del cielo 1987

Ella toma versículos de la biblia y trabaja la intertextualidad. Pero sin ser religiosa. Lanza una catarata de imágenes muy fuertes.


Si la casualidad es la más empeñosa jugada del destino...

Si la casualidad es la más empeñosa jugada del destino,
alguna vez podremos interrogar con causa a esas escoltas de genealogías
que tendieron un puente desde tu desamparo hasta mi exilio
y cerraron de golpe las bocas del azar.
Cambiaremos panteras de diamante por abuelas de trébol,
dioses egipcios por profetas ciegos, garra tenaz por mano sin descuido,
hasta encontrar las puntas secretas del ovillo que devanamos juntas
y fue nuestro pequeño sol de cada día.
Con errores o trampas, por esta vez hemos ganado la partida.


No estabas en mi umbral...

No estabas en mi umbral
ni yo salí a buscarte para colmar los huecos que fragua la nostalgia
y que presagian niños o animales hechos con la sustancia de la frustración.
Viniste paso a paso por los aires,
pequeña equilibrista en el tablón flotante sobre un foso de lobos
enmascarado por los andrajos radiantes de febrero.
Venías condensándote desde la encandilada transparencia,
probándote otros cuerpos como fantasmas al revés,
como anticipaciones de tu eléctrica envoltura -el erizo de niebla,
el globo de lustrosos vilanos encendidos, la piedra imán que absorbe su fatal alimento,
la ráfaga emplumada que gira y se detiene alrededor de un ascua en torno de un temblor-.
Y ya habías aparecido en este mundo, intacta en tu negrura inmaculada desde la cara
hasta la cola, más prodigiosa aún que el gato de Cheshire,
con tu porción de vida como una perla roja brillando entre los dientes.
De "Cantos a Berenice" 1977


Recurso

Anadiplosis o conduplicación
Recurso literario que consiste en la duplicación de una palabra o grupo de palabras al final de un verso y al principio del siguiente. Y si ese recurso lo voy a repetir se llama “concatenación”. Se trata de un recurso fónico.

Ejemplos

No es que muero de amor, muero de ti
Muero de ti, mi amor

                                                                                                       
Mi sien, florido balcón
de mis edades tempranas,
negra está, y mi corazón,
y mi corazón con canas.

Miguel Hernández, siglo XX

Nadie ama solamente un corazón:
un corazón no sirve sin un cuerpo.

José María Fonollosa, siglo XX

Mal te perdonarán a ti las horas;
las horas que limando están los días,
los días que royendo están los años.

Luis de Góngora, siglo XVII

A veces pienso en ti incluso vestida,
vestida de mujer para la noche,
la noche que cambió tanto en mi vida;
mi vida, deja que te desabroche...'.     
     
Javier Krahe, siglo XX

 Y nos ejercitaremos utilizando el recurso de anadiplosis. No olviden luego subir sus poemas al blog.
Y recuerden que la clase próxima, por se la de la conferencia de Ma. Rosa Lojo sobre la poética de Olga Orozco, comienza más temprano, en el horario de 19 a 21.30 hs. 

Clase N° 17 - 2 de septiembre 2014

Saben que hoy recuperamos la clase del jueves pasado, el último de agosto, por el paro que hubo. 

Hoy veremos un recurso muy simpático y poco conocido, que pertenece al campo de lo fonológico, y fue muy usado durante los primeros años del siglo XX: 

el Lipograma



Después de la Primera Guerra Mundial, comienza verdaderamente el siglo XX y un proceso de liberación mental. Irrumpen los movimientos políticos de izquierda, la liberación sexual, y en la literatura, comienzan a liberarse de los corsets de los modelos y estructuras vigentes. Esto se manifiesta, en parte, mediante la desacralización de lo establecido con juegos de rebeldía y divertimento como el “cadáver exquisito”, expresado todo en los manifiestos de las Vanguardias. Estos ejercicios de liberación fueron necesarios para despojarse de la rigidez e ir buscando el contenido.

Un lipograma (en griego: λείπειν γράμμα, ‘abandonar una letra’) es un texto en que se omite sistemáticamente alguna letra (o varias) del alfabeto. El grado de dificultad de este artificio lingüístico es directamente proporcional a la frecuencia de la letra omitida en el idioma utilizado (en español la a o la e) y a la extensión de dicho texto.

Algunos lipogramas particularmente ingeniosos omiten todas las vocales salvo una, con lo que se reduce mucho el conjunto de palabras que se pueden escribir y los textos pueden quedar muy forzados. Un ejemplo claro de este tipo de lipograma puede ser encontrado en Las vocales malditas, del escritor mexicano Óscar de la Borbolla, cuyos textos emplean el uso de una sola vocal por cada uno.

El primer autor de lipogramas de quien se tiene referencias es el poeta griego del (siglo VI a. C.) Laso de Herminone a quien se deben dos obras en las que suprimió la letra griega sigma: la «Oda a los Centauros» y el «Himno a Deméter» aunque de esta segunda obra sólo nos ha llegado su primer verso.

En el siglo III, a Néstor de Laranda se le atribuye la reescritura de la «Ilíada» en forma de lipograma de forma que en cada uno de los 25 cantos se había suprimido una letra griega: en el primer canto se omitió la letra alfa, en el segundo la beta, etc. Lo mismo ocurre con la presunta obra del poeta griego del siglo V Trifidoro de Sicilia, a quien se atribuye la reescritura de la «Odisea» eliminando una letra en cada una de las 24 secciones en que dividió las aventuras de Ulises.

Entre los lipogramáticos europeos destaca Gottlob Burmann (1737-1805), excéntrico poeta romántico alemán que desarrolló tal fobia a la letra R que la omitió por completo en los 130 poemas que escribió, y durante los últimos 17 años de su vida procuró omitirla incluso de su habla cotidiana. Por ello, probablemente, dejó de pronunciar su apellido durante ese tiempo porque contiene una r.

Jacques Arago, un escritor francés del siglo XIX, escribió su Voyage autour du monde sans la lettre A (Viaje alrededor del mundo sin la letra A) en 1853. Sin embargo, treinta años después confesó que una sola palabra, serait, que se traduce como "sería", estropeó su lipograma.

Cabe mencionar también a Georges Perec, un escritor francés que, junto con otros escritores, constituyó el grupo de literatura potencial denominado Oulipo, grupo que se ha caracterizado por adoptar una multiforme variedad de manierismos formales en sus escritos, como por ejemplo su novela negra La disparition donde suprime la letra E y que fue traducida al español como El secuestro, sin usar la letra A en toda la traducción.


En el mundo del cine podemos citar a la película Misery, en la que el escritor secuestrado debe escribir la continuación de la novela favorita de su secuestradora, omitiendo la letra "E", que luego sería completada por ella.


Ya en el siglo XX, Enrique Jardiel Poncela publica entre 1926 y 1927 cinco relatos lipogramáticos en el diario La Voz, cada uno de ellos sin una de las cinco vocales y entre los que destacan el escrito sin la letra A: El chofer nuevo, y el escrito sin la letra E: Un marido sin vocación

El grupo argentino Les Luthiers cuenta con 5 obras cuyos títulos están realizados utilizando solamente una vocal:

¡ Papa Garland had a hat and a jazz band and a mat and a black fat cat (Rag)
¡ Pepper Clemens sent the messenger: nevertheless the reverend left the herd (Ten Step)
¡ Miss Lilly Higgins sings shimmy in Mississippi's spring (Shimmy)
¡ Doctor Bob Gordon shops hot dogs from Boston (Foxtrot)
¡ Truthful Lulu pulls thru zulus (Blus)

Alfredo Casero en su programa de la década de 1990, Cha Cha Cha, inventó un sketch, "Ojo con los Orozco", durante el período en el que creaba personajes con su cara estirada sobre la pantalla que comentaba sobre la historia de ocho extraños personajes, algunos de ellos vinculados con la realidad de su país, el sketch constituía un lipograma muy complejo al suprimirse todas las vocales salvo la O, a lo que se le suma lo gracioso por la extraña personalidad de Casero. A pesar de su complejidad, el texto aún guardaba sentido, y fue llevado a la canción de la mano del también argentino León Gieco y un video clip con l participación de  Dady Brieva, Lalo Mir, Leo Sbaraglia, Enrique Pinti, Darío Grandinetti y Fabio Posca, que se puede ver en el siguiente link



También existen los lipogramas accidentales. En este caso, existen “investigadores” que han descubierto que, por ejemplo, Jorge Luis Borges no utilizó las letras k, w y x en el cuento La casa de Asterión.

En resumen, el lipograma es un recurso casi humorístico y entretenido, que fuerza la forma por sobre el contenido de un texto literario. Yo lo propongo para textos para niños, siempre es muy eficiente y divertido trabajar con la materia blanda de un idioma.

Para terminar el tema del recurso, del que -insisto- sirve para juego de niños, es un texto escrito sólo utilizando la A, escrito increíblemente por ... Rubén Darío.

AMAR HASTA FRACASAR

Trazada para la A


La Habana aclamaba a Ana, la dama más agarbada, más afamada. Amaba a Ana Blas, galán 

asaz cabal, tal amaba Chactas a Atala.

Ya pasaban largas albas para Ana, para Blas; mas nada alcanzaban. Casar trataban; mas 

hallaban avaras a las hadas, para dar grata andanza a tal plan.

La plaza, llamada Armas, daba casa a la dama; Blas la hablaba cada mañana; mas la mamá, 

llamada Marta Albar, nada alcanzaba. La tal mamá trataba jamás casar a Ana hasta hallar 

gran galán, casa alta, ancha arca para apañar larga plata, para agarrar adahalas1. ¡Bravas 

agallas! ¿Mas bastaba tal cábala?. Nada ¡ca! ¡nada basta a tajar la llamada aflamada!

Ana alzaba la cama al aclarar; Blas la hallaba ya parada a la bajada. Las gradas callaban 

las alharacas adaptadas a almas tan abrasadas. Allá, halagadas faz a faz, pactaban hasta 

la parca amar Blas a Ana, Ana a Blas. ¡Ah ráfagas claras bajadas a las almas arrastradas a 

amar!. Gratas pasan para apalambrarlas más, para clavar la azagaya al alma. ¡Ya nada 

habrá capaz a arrancarla!  (fragmento)

Compartimos ahora la lectura de partes del prólogo de su libro Tumbas de poetas y pensadores, de 2007 del escritor holandés Cees Noteboom.

Se trata de un largo viaje por unas 80 tumbas figuras mundiales de la literatura como Pablo Neruda, Julio Cortázar, Antonio Machado, Robert Louis Stevenson, Yasunari Kawabata, Thomas Mann, James Joyce, Elias Canetti, Honoré de Balzac, Marcel Proust o Bertolt Brecht, donde el autor les dedica relatos, poemas o simples comentarios, acompañados por las fotografías realizadas por su esposa, Simone Sassen.

Algunas frases del prólogo que nos impactaron:

 “He vivido con la poesía toda la vida”… “para la mayoría de las personas la poesía no existe…. “No es algo que uno se proponga… la manera en que se le pone frente a ella en el colegio….”

“Las mismas palabras de siempre… la superficie técnica de los versos.”

“En toda gran poesía por moderna que sea está contenida la herencia de los clásicos, lo anterior.”… “Recibiremos esa herencia de regalo.”

“Sé que hay dos clases de tumbas: unas, a las que se acude de manera más o menos fortuita, porque, por la razón que sea, nos encontramos precisamente en el país o en la ciudad que alberga la tumba; otras, que para visitarlas se hace expresamente el viaje.

“En la casa de la poesía hay muchas moradas”… “Se puede leer poesía en grandes habitaciones o en pequeñas salas. Los lectores son semejantes a los monjes cartujos, con frecuencia están en grupos pero mayormente están solos”.

“El lector es la tablilla de cera y el poema es el sello”.

“Un poema tiene que estar en armonía consigo mismo”.

“Escribir es aplazar la mortalidad”.

Una cita de Eugenio Montale:
“Las rimas son mujeres viejas que llaman a la puerta del poeta para que las deje entrar”.

El autor propone leer en dos direcciones, desde hoy hacia atrás, y luego hacia adelante. Inverso y reverso.

En latín casi todo el vocabulario está relacionado con el cultivo de la tierra: la palabra verso es un término agrícola que tiene que ver con la forma de arar los campos con azada y un animal de tiro. Repetir para recordar, rima, pie firme. Poiei, verbo griego, del que se deriva la palabra “poesía”, significa "hacer". Nada menos. Hasta la próxima, en que trabajaremos algo de la obra de la gran poeta Olga Orozco, dado que el jueves 11 de septiembre la Dra. Ma. Rosa Lojo disertará aquí, en la SADE, y nosotros, como taller, asistiremos.