martes, 21 de abril de 2015

Clase N° 30 - jueves 16 de abril 2015

En esta segunda clase del año haremos un acercamiento a la poética de una muy buena poeta argentina contemporánea, Paulina Vinderman.

También, continuando con los recursos poéticos, hoy veremos uno de nivel semántico, que se articula con el que vimos la semana pasada:

la enálage (del griego ‘εναλλαγή, 'cambio') es una figura retórica que consiste en utilizar una palabra con una función sintáctica que no le es propia. Así, podemos verlo en el soneto de Quevedo, cuando dice:
soy un fue, y un será, y un es cansado
las formas verbales fue, será y es ejercen la función de atributo, como si se tratara de sustantivos.
En ocasiones, se considera también enálage el uso traslaticio de un tiempo verbal por otro, o de un género gramatical por otro.
Uno de los rasgos característicos de los romances es el uso del tiempo imperfecto de indicativo con valor de pretérito perfecto simple o de presente de indicativo. Por ejemplo, el Romance del prisionero comienza con el verso
Que por mayo era, por mayo,
pero la acción no sucede en el pasado, sino en el presente (cuando hace la calor; sino yo, triste y cuitado / que yago en esta prisión).


Paulina Vinderman: poeta y traductora argentina nacida en Buenos aires en 1944. Es una importante exponente de la poesía argentina contemporánea. Ha sido incluida en numerosas antologías y muchos de sus poemas han sido traducidos al inglés, al italiano y al alemán. Colaboró con Nina Anghelidis en la traducción al castellano de "Votos por Odiseo", de la poeta griega Iulita Iliopulo y tradujo al castellano a John Oliver Simon.

Ha obtenido importantes galardones entre los que se destacan, la Faja de Honor de la SADE en 1988, el Tercer Premio de la Municipalidad de Buenos Aires en 1989, el Primer Premio Municipal Ciudad de Buenos Aires en 2003, el Premio Literario de la Academia Argentina de Letras en el género Poesía y el Premio Citta' di Cremona 2006 por el conjunto de su obra.

Parte de su obra está contenida en las siguientes publicaciones: "Los espejos y los puentes" en 1978, "La mirada de los héroes" en 1982, "La balada de Cordelia" publicado por la Fundación Argentina para la poesía, 1984, "Bulgaria" 1998, "El muelle" 2003, "Transparencias" 2005, y "Hospital de veteranos" en 2006. Actualmente reside en la ciudad de Buenos Aires.       

Ha colaborado (con poemas, artículos y reseñas literarias) en publicaciones del país y del exterior: La Nación (Bs. As.), La Prensa (Bs. As.), Clarín (Bs. As.), El Espectador (Bogotá, Colombia), Hora de Poesía (España), Babel (Bs. As.), Babel (Venezuela), Diario de Poesía (Bs. As.), Intramuros (Bs. As.), Hispamérica (USA), entre otras.
Todo lo suyo puede verse en su sitio web www.paulinavinderman.com.ar

Este que les muestro es el tomo XVI de Poesía Argentina Contemporánea, antología publicada por la FAP (Fundación Argentina para la Poesía) a fines de 2007, de los que fueron invitados a tomar parte los poetas (por orden alfabético de los apellidos):

Enrique Bossero, Leopoldo Castilla, Susana Cattaneo, María del Mar Estrella, Cecilia Glanzmann, Ernesto Goldar, Jorge Hirsch, Jorge Isaías, Santiago Kovadloff, Élida Manselli, Hugo Mujica, Sandra Pien, Michou Pourtalé, María Inés Ure, Lidia Vinciguerra y Paulina Vinderman.




Allí, en la sección de participación de Vinderman, además de los poemas más relevantes, elegidos por ella misma, se reproduce la crítica de tres poetas notables –María Negroni, Sara Cohen y Jorge Ariel Madrazo- respecto de la obra de Vinderman; en este caso, los prólogos de esos poetas que acompañaron a los poemarios titulados El muelle (2003) y Hospital de veteranos (2008), que probablemente estén online en el sitio de la FAP http://www.letrasargentinas.com.ar

En breve síntesis, dicen:

María Negroni àPrólogo de El muelle.
“La madurez de la incertidumbre. Imágenes aisladas, recuerdos, y la cita ´Reconstruir es saber, pero saber a medias´.
Epopeya privada: imágenes con algo de onírico, provisto de algunos saberes. Escribe dentro del dolor del mundo, que por supuesto, es ella misma.
Perderse, dar el salto, liberarnos de la carga del ser.
Y la cita en un verso: “Ciudad de torres y tinta”.

Sara CohenàPrólogo de Hospital de veteranos.

La cita: “He llegado a un hotel tan ruinoso como mi alma”…
“Hospital de otro siglo. El dolor que me ata a la silla despintada, también es de otro siglo”. Relaciona el sueño, lo onírico, con el universo de la escritura.

Jorge Madrazo à de Hospital de veteranos.
Dice: “Lleva al lector a un paraje de extrañeza”.
Y compara la obra de Vinderman con la de Cesare Pavese.


Poemas de Paulina Vinderman

La muerte de la imaginación

  "Lo que más temo es la muerte de
la imaginación."
                              Sylvia Plath


El corazón no tiene quien le escriba,
nadie se atreve a cruzar la noche remando
en la intemperie
           (nadie se ve)
Y si no fue más que un amor negro, susurrante
que nada da,
el viaje más lejano fue el de mi cabeza
hacia su hombro
               (el más inútil)

La rama golpea en la terraza
pero es solamente oscura. El miedo
se sienta a comer un pastel en la cocina
               (y dice que es real)

¿Alguien pudo tocar a la desesperación?

Terciopelo, papel de diario, una lata oxidada,
no hay vacuna contra las superficies.

El mundo es un hueco tapado con barniz
                 (y no respira.)


Bulgaria

"We are such stuff as dreams are made of/
And our little life is rounded with a sleep."
"Estamos hechos de la misma sustancia de los sueños/
Y nuestra pequeña vida está cercada por un sueño."
W. Shakespeare

Varna. Geog. Ciudad de Bulgaria, cap. del distrito de su nombre, en la costa del mar Negro. Escala de las líneas de navegación que se dirigen a Odessa, Constanza y Estambul. Centro industrial. Universidad. Emplazada en la antigua ciudad griega de Odesos.

Si el infierno fuera un color
ése sería el color de la piel de mi padre esta mañana.
Carver agregaría huevos revueltos en la sartén,
una hornalla carcomida, palabras pesadas como piedras,
piedras del color resinoso del suburbio.
Un perro amarillo olfatearía los restos,
y la enfermedad y el espionaje.
Pero no puede haber perros en el departamento de mi padre.
Hay un vaso irrompible de té a medio tomar
atrapando el sol
entre el reloj pulsera y una estación de tren
que emerge de la llanura más próspera de la tierra.

-Anoche soñé-quiero decirle-que sacaba un
pasaje para Bulgaria.
Pero es difícil hablar de sueños a un hombre como mi padre.

Ni sueños ni palabras. Escasas acciones (como
luces de linterna), salvatajes prolijos de rincón.
No entiende de plasticidad, no entiende de confianza,
él sabe de los bordes del mundo y de sus héroes
pero reduce su lírica a cenizas
y las guarda en su valija de cartón.

Aquellas estaciones de tren deciden su escenario,
el único que acepta
(por poco tiempo y esa es su tragedia:
el exilio, el no volver.)
Se diría que siempre lo espera
una partida de cartas sobre una mesa improvisada
con durmientes. El jefe de estación, el boticario,
el comisario del pueblo, a veces nadie.
A veces juega contra nadie, mi padre, en un vacío
que domina.
Un pacto de silencio con el destino.

Ni sueños ni palabras.
Ha roto con paciencia infinita, a lo largo de los años,
todas mis cartas
y conservó los alambres, cortaplumas, sacacorchos,
una agujereadora anaranjada y un cuadro
donde el mar está pintado con tan poca fe
que no sabe si quedarse cuando llegue la noche.

Ni sueños ni palabras.

Aprieta mi mano sin fuerza,
sus dedos se mueven buscando una oportunidad,
no una certeza:
mi presencia imposible en un muelle, una bodega,
con un perro de otro que husmea un viento de río
frente a un horizonte incendiado.

-Anoche soñé que sacaba un pasaje para Bulgaria-
quiero decirle.
Llego a una ciudad amplia y resuelta, apoyada en un
mar interior (un mar de manual, con muchos barcos enhiestos.)
Inexplicablemente la ciudad está callada
y resuenan mis pasos sobre las calles.
Universidad, dice un cartel,
y otro me envía a las ruinas de un templo griego
que instala la armonía en mi ceguera.
Feliz y salvaje por haber escapado,
devoro una salchicha contra el portón de hierro
de una fábrica.

No me despertaré, me digo, no sabré nunca
que no estoy tan lejos como pensaba,
no me dolerá odiarte: como cien cuchillos,
como mil inviernos, como el anillo que estrecha
mi nombre y el tuyo,
como el lustre opaco que le dimos al encierro,
esta ausencia trabajada, padre, del color de tu piel.

                                                                          De Bulgaria


I

“Poi piovve dentro a l´alta fantasia”
“Llovió después en la alta fantasía”
Dante Alighieri

Cuando el otoño llegue va a empezar la novela, dice,
y señala en el aire un café como quien señala el destino,
dueña de esa música ambigua y perfecta que crea el corazón.
Habrá un sueño para seguir, en un paisaje carbonizado .
Un río para seguir, de orillas monótonas
con árboles dormidos como grandes elefantes.
Habrá pequeñas anotaciones en los bordes de las hojas
como si la vida interfiriera,
como si chamuscara un pergamino para envejecerlo,
como si la memoria recortara en papel glacé
las indecisiones, la epopeya privada.
Planea los silencios, la inconstancia, la vaguedad
como focos de poder
sobre lo que no se puede recordar pero se sabe.
Un abanico para su fiebre cuando surja:
Pensar la aridez
en el atardecer del pueblo más opaco, menos elocuente
que pueda dar una escenografía
a la emoción crónica de la realidad distorsionada por el arte.
La flauta del pastor en el museo local.
Las murallas bajo la amplitud de la noche.
Y una fuente, donde sentarse a conversar con el personaje,
todavía huraño, todavía presuntuoso,
en el centro exacto de su historia.


II
Otra vez cúpulas en el poema, otra vez la ciudad.
Las travesías se volvieron copias
de ciudades tocadas sólo por supervivencia,
para regresar a la mía.
Como si ella contuviera todos los números, los secretos,
las pasiones del mundo.
Alguna vez una calle me devuelve el desierto
y cuando oscurece,
las sombras de las bolsas de basura
son instalaciones de museo, que sólo puedo ver
cuando mi memoria agotada olvida el mar, aquellas grúas
detrás de las cercas, la mujer del turbante azul que
me vendió la caja mágica y la oportunidad
de atesorar mis miedos como mariposas atrapadas
en la belleza de su oro.
Hay que aprender la asfixia como se aprende un idioma.
Nadie llorará por la ausencia de las alas contra el cielo.


III
Puerto Viejo es el nombre del café
y hay un hombre en el fondo
fumando en pipa.
Las ciudades se definen en sus puertos
(o en su carencia),
pienso,
en lo inescrutable de los extravíos
y la espera.
Me inquieta este antiguo golpe del corazón,
esta mirada directa de cuando era chica,
que partía en dos los secretos de gente muy quieta
en las habitaciones silenciosas del verano.
Perro entrenado para escribir la luna,
la espero en la huida de esta tarde,
frente a las tipas de la ventana,
como si fuera un puente tendido
expresamente para no regresar
(lo demuelen después que paso, sin ceremonia.)
En este pequeño sitio debo construir algo que se anude,
como un puerto a la ciudad.
Y digo puerto como digo abrigo,
como digo existencia,
erguida sobre la memoria,
orgullosa
como la pintada sobre la pared de la fábrica.
¿Qué es escribir sino modificar la respiración
de las ciudades?
El hombre de la pipa ordena sus cosas para partir.
Tiene ojos duros,
como cristales de botellas,
preparados para el calor y la soledad:
un personaje de London en el trópico,
de camisa gastada
y manos bruscas.
¿Debo averiguar su historia o inventarla?
Mientras la noche viene,
me cambio de mesa
para aspirar mejor el olor de la pipa que flota todavía
como un barco fantasma,
sobre las historias muertas,
caídas de bruces sobre los papeles.
«El zorro se comió a la fábula», me grita, la pared. *

*Pintada de los sujetos, Buenos Aires, 1992.


IV
Este verano se parece a un pueblo todavía humeante
después de un bombardeo.
Del otro lado del río, en la bruma, un bote
está listo para llevarme a la frontera.
Si la metáfora suena dramática, es para proteger
esta ausencia sin brillo,
el riesgo de una soledad en sordina
y a repetición.
Las heroínas no huyen del calor
ni de los muñecos quemados entre los escombros.
Hay que llegar (del otro lado),
y escribir.
Y escribir es despojarme página por página
de un nombre anotado demasiada vida.
Amo este balanceo en la nada,
los recuerdos como linternas en la noche
que atraen a los animales y los alejan de sus cuevas.
Mi cueva es este verano inmóvil, metafísico,
casi reverente.
¿Hay alguien ahí?
No es fácil de entender tanta certeza, duele el mundo
y yo soy el mundo.
Un galpón atestado de maniquíes de vidrio,
para verles de lejos y cerca,
los hilos de la repetición.

V

Bichito colorado mató a su mujer
con un cuchillito de punta alfiler.
Le sacó las tripas, las puso a vender:
«A veinte, a veinte, las tripas calientes de mi mujer»
copla infantil anónima

¿y dónde empezó la historia?
«¿Dónde están sus monumentos, sus batallas, sus mártires?»*
Viajo para encontrarme con aquella crueldad
y aquella fuerza
de los sufridos gomeros en los balcones.
Ningún mar,
ningún pájaro,
ningún acantilado.
Mojo la pluma en el tintero y calco reinos de pesadilla
sobre un hule floreado.
Busco el lugar del resplandor
entre muebles demasiado grandes para la habitación.
Así después caminaré pueblos
casi ocultos por la melancolía del sábado,
con infaltable perro solitario, esperanzado y ocre
(del color de la tierra, del color de la piel)
esperando una flor en el tacho del traspatio,
el almuerzo del domingo
y un lagarto que fosforezca como la música de ayer.
Un ómnibus infinito entra en la noche,
cada vez más rápido,
cada vez más profundo
y deja atrás autopistas silenciosas,
caballos, bahías apacibles,
ciudades acunadas por un viejísimo rumor
que creo reconocer
en algún punto de algún lugar del mundo donde la canción
— la sombra de la sombra de la vida—
no signifique el lujo de la victoria,
bajo otra luz que no sean las estrellas.

                                                                          De El muelle

* verso del poeta Derek Walcott

Bueno, gente del taller: disculpen la demora en subir la clase al blog. Espero sus poemas y les recuerdo -de paso, ya confirmado el tema- que en nuestro próximo encuentro, este jueves 23 de abril de 2015, vendrá a visitarnos y a compartir con nosotros su experiencia poética, la poeta argentina Norma Pérez Martín.

                








sábado, 11 de abril de 2015

Clase N° 29 - Jueves 9 de abril 2015

Comenzamos un nuevo año poético, un nuevo viaje poético, el de 2015.

¡Bienvenidos a los Abordajes poéticos! Agradezco nuevamente a la Fundación Argentina para la Poesía, que este año tendrá por primera vez en su historia la felicidad de un stand propio en la próxima Feria del Libro de Buenos Aires, el haberme elegido para volver a conducir este camino.



Saludamos en el blog a nuestro gatito Hápax, que nos ronronea desde la derecha de nuestra página, y comenzaremos con poetas muy gratos a mi espíritu. Este año abriremos las puertas además a poetas que se expresan en otras lenguas, para escucharlos en su música, en su ritmo, en su corazón. Y por supuesto, los traduciremos. El de la imagen es Lawrence Ferlinghetti, de quien hablaremos luego. Pero la foto -una foto equivale a mil palabras, recordad- muestra nuestro espíritu celebratorio respecto de la poesía. 

El primero, Konstantin Kavafis poeta griego (1863-1933), una de las figuras literarias más importantes del siglo XX y uno de los mayores exponentes del renacimiento de la lengua griega moderna. Veremos ahora el poema Ítaca. Muchos sabrán que ese nombre geográfico remite a una pequeña isla ubicada en el mar Jónico, la patria de Odiseo, el héroe del poema homérico, quien tarda diez años en regresar allí, luego de haber participado en la guerra de Troya. Y en Ítaca lo esperan siempre su amada esposa Penélope, que teje un tapiz eterno durante el día y lo desteje durante la noche, y su hijo Telémaco. Y allí volverá a ser rey.
Kavafis o Cavafis, con “k” o “c”, se inspira en la Odisea de Homero, propone una interpretación metafórica del viaje. Porque el viaje es el recorrido de la vida. Esta metáfora de la vida como sendero, como camino, como viaje, quizá sea la más poderosa respecto de la vida humana.
Más metafóricamente aún, un viaje se compone de metas, objetivos, propósitos, intenciones, finalidades, puertas que nos proponemos abrir en la vida. El sentido del poema de Kavafis es que el camino, el viaje, es más importante que el objetivo. Cuando el poeta señala que Ítaca te regaló un hermoso viaje, está diciéndonos que en ese camino podemos ganar experiencia, adquiriendo conocimientos y disfrutando del recorrido.
Y nos pide que no nos apresuremos en el viaje, que no quememos etapas, que disfrutemos paso a paso, porque es el viaje en sí mismo y no la llegada a la meta lo que nos proporcionará dicha y experiencia.
En el viaje de la vida vamos a enfrentar lestrigones (caníbales gigantes de Cerdeña) y cíclopes, que a pesar de que Odiseo los enfrentó con perseverancia y enorme fuerza de voluntad, no son otra cosa que metáforas de los miedos, monstruos internos que obstaculizan el avance. Por eso, el poeta dice que nunca hallaremos tales monstruos si no los llevamos dentro. No hay que pedirle respuestas a Ítaca nos dice el poeta, y nos habla de la vejez, de cómo llegar a ese buen puerto con tan mala prensa, enriquecidos por el camino. Kavafis nos propone viajar hacia la búsqueda y el encuentro con uno mismo, y desde allí, al encuentro con los demás, con el otro. Como cada ser humano es sagrado y único, su camino también lo es. Los invito a que hagamos de este año un recorrido poético que nos enriquezca y que como dice el gran Machado, a quien visitaremos luego, “que al volver la vista atrás”, nos demos cuenta de que fue bueno compartirlo, que nos enalteció y que el camino común nos ayudó a encontrar el nuestro propio.

El poema de Kavafis dice así:

Ítaca
Si vas a emprender viaje hacia Ítaca,
pide que tu camino sea largo,
rico en experiencias, en conocimiento.
A lestrigones y a cíclopes o al airado
Poseidón nunca temas:
no hallarás tales seres en tu ruta
si alto es tu pensamiento y limpia la emoción
de tu espíritu y tu cuerpo.
A lestrigones ni a cíclopes, ni al fiero Poseidón
hallarás nunca
si no los llevas dentro de tu alma,
si no es tu alma quien los pone ante ti.
Pide que tu camino sea extenso,
que numerosas sean las mañanas de verano
en que con placer feliz arribes
a bahías nunca vistas.
Ten siempre a Ítaca en la memoria.
Llegar allí es tu meta,
mas no apresures el viaje,
mejor que se extienda largos años,
y en tu vejez arribes a la isla
con cuanto hayas ganado en el camino,
sin esperar que Ítaca te enriquezca.
Ítaca te regaló un hermoso viaje,
sin ella el camino no hubieras emprendido,
mas ninguna otra cosa puede darte.
Aunque pobre la encuentres, no te engañaría Ítaca.
Rico en saber y en vida como has vuelto
comprenderás ya qué significan las Ítacas. 

Y ya que nombramos a Antonio Machado (Sevilla, 26 de julio de 1875-Colliure, 22 de febrero de 1939), traeremos un maravilloso poema que forma parte de Proverbios y Cantares, de su poemario Campos de Castilla (1917), para pensar, debatir y abrir camino a la reflexión acerca de nuestras decisiones en la vida.

El XXIX, interpretado por Serrat, dice así:

Caminante, son tus huellas
el camino y nada más;
caminante, no hay camino;
se hace camino al andar.
Al andar se hace camino
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
Caminante no hay camino
sino estelas en la mar.

Aquí en este link, Serrat diciendo magistralmente a Machado:


El recurso que veremos hoy es la hipálage, vieja amiga que referencia el mundo semántico, el del significado. Lo veremos para que en la última media hora de clase, habiéndonos humedecido con la palabra rocíaca de los otros poemas, buscando nuestro estilo, nuestro estro poético único, trabajemos nuestro propio poema.
La hipálage (del griego ὑπαλλαγή, sustitución, cambio) es una figura retórica que consiste en atribuir a un sustantivo una cualidad o acción propia de otro sustantivo cercano en el mismo texto, rompiendo así con la relación lógica del sustantivo con el verbo o adjetivo. Un ejemplo es el famoso haiku  de Matsuo Bashó:
¿Quién es el que se lamenta,
su barba soplando al viento,
por el ocaso del otoño?

donde se atribuye la acción de soplar a la barba en vez de al viento. También son un ejemplo aquel verso del canto VI la Eneida (de la catábasis, donde Eneas va junto a la Sibila de Cumas al encuentro de su padre Anquises) de Virgilio:
Ibant obscuri sola sub nocte per umbram (Eneida 6:268),

Traduzco:
Marchaban (iban) oscuros bajo una noche sola a través de la penumbra,

Sin hipálage, debería ser: Marchaban (iban) solos bajo una noche oscura a través de la penumbra, donde la noche oscura y los viajeros solitarios han intercambiado los adjetivos que les corresponden.
Esta figura también ha sido utilizada por autores del siglo XX, como Pablo Neruda, en su poema XX, cuando dice:
Escribir, por ejemplo: "La noche está estrellada, y tiritan, azules, los astros, a lo lejos.",
desplazando el cielo por la noche.
Otros ejemplos son: la noche insomnela celda condenadala valiente espada.

Ahora es el momento de Robert Frost, Robert Lee Frost, poeta estadounidense (1874-1963), hijo de una maestra, nacido en San Francisco, muerto en Boston; así que verán que recorrió caminos. Considerado uno de los fundadores de la poesía moderna en su país, por expresar, con sencillez filosófica y profundidad sentimental, la vida y emociones del hombre.
En el poema titulado The road not taken (en su libro Mountain Interval, de 1920), El camino no elegido, Frost plantea la metáfora de la vida como un recorrido en el que las bifurcaciones de un camino, es decir, las alternativas que se nos presentan en la vida, nos obligan a elegir qué camino seguir. Es que cuando llegamos a una bifurcación, punto crucial de un recorrido, debemos tomar una decisión. Y de esa decisión dependerá sin duda nuestro futuro.
Podemos elegir el camino más transitado, el que la mayoría de las personas elegirían por costumbre o comodidad y por tanto será más fácil pues la senda está marcada (como en mi caso, que en un poema del poemario Aquí no duele, digo en el verso final: hubiera sido tanto más fácil ser dentista (por mi padre, que era dentista, y había elegido para mí ese camino, que por supuesto no tomé) o decidirnos por el camino menos transitado y establecer nuestra propia senda, abrirnos camino ante las dificultades, enfrentar obstáculos e imprevistos.

The road not taken


TWO roads diverged in a yellow wood,
And sorry I could not travel both
And be one traveler, long I stood
And looked down one as far as I could
To where it bent in the undergrowth;

Then took the other, as just as fair,
And having perhaps the better claim,
Because it was grassy and wanted wear;
Though as for that the passing there
Had worn them really about the same,

And both that morning equally lay
In leaves no step had trodden black.
Oh, I kept the first for another day!
Yet knowing how way leads on to way,
I doubted if I should ever come back.

I shall be telling this with a sigh
Somewhere ages and ages hence:
Two roads diverged in a wood, and I—
I took the one less traveled by,
And that has made all the difference.


Y en este link, lo escucharemos bellísimamente en su lengua original, inglés:


El camino no elegido

Dos caminos se bifurcaban en un bosque amarillo, 

Y apenado por no poder tomar los dos 
Siendo un viajero solo, largo tiempo estuve de pie 
Mirando uno de ellos tan lejos como pude, 
Hasta donde se perdía en la espesura; 

Entonces tomé el otro, imparcialmente, 

Y habiendo tenido quizás la elección acertada, 
Pues era tupido y requería uso; 
Aunque en cuanto a lo que vi allí 
Hubiera elegido cualquiera de los dos. 

Y ambos esa mañana yacían igualmente, 

¡Oh, había guardado aquel primero para otro día! 
Aun sabiendo el modo en que las cosas siguen adelante, 
Dudé si debía haber regresado sobre mis pasos. 

Debo estar diciendo esto con un suspiro 

De aquí a la eternidad: 
Dos caminos se bifurcaban en un bosque y yo, 
Yo tomé el menos transitado, 
Y eso hizo toda la diferencia.


Por último pero no menos importante, Canción de los caminantes, de nuestra gran y querida María Elena Walsh. Que expresa la alegría de poder compartir el camino con otro, que siempre es mejor que estar en soledad. Que la soledad debe ser elegida para ser grata, y que se expresa en momentos, pero como especie, los seres humanos somos gregarios.

Y dice así:

Porque el camino es árido y desalienta.
Porque tenemos miedo de andar a tientas.
Porque esperando a solas poco se alcanza,
valen más dos temores que una esperanza

Dame la mano y vamos ya,
dame la mano y vamos ya.

Si por delicadeza perdí mi vida
quiero ganar la tuya por decidida.
Porque el silencio es cruel, peligroso el viaje,
yo te doy mi canción, tú me das coraje.

Dame la mano y vamos ya,
dame la mano y vamos ya.

Ánimo nos daremos a cada paso,
ánimo compartiendo la sed y el vaso.
Ánimo, que aunque hayamos envejecido,
siempre el dolor parece recién nacido.

Dame la mano y vamos ya,
dame la mano y vamos ya.

Porque la vida es poca y la muerte mucha,
porque no hay guerra, pero sigue la lucha.
Siempre nos separaron los que dominan
pero sabemos hoy que eso se termina.

Dame la mano y vamos ya,
dame la mano y vamos ya.

Aquí encontré una versión cantada soberbiamente por Susana Rinaldi.


De yapa, que siempre la hay, Lawrence Ferlinghetti, un poeta estadounidense de la Generación Beat, nacido en Yonkers, Nueva York, el 24 de marzo de 1919, que todavía vive y tiene una librería fantástica en California (la 2da foto). En sus sentencias acerca de la poesía, especie de manifiesto, bello libro titulado Poetry as insurgent art, dice:

You are Whitman, you are Poe, you are Mark Twain, you are Emily Dickinson and Edna St. Vincent Millay, you are Neruda and Mayakovsky and Pasolini, you are an American or a non-American, you can conquer the conquerors with words.

Una traducción mía:

Eres Whitman, eres Poe, eres Mark Twain, tú eres Emily Dickinson y Edna St. Vincent Millay, eres Neruda y Mayakovsky y Pasolini, eres un estadounidense o un no estadounidense, puedes conquistar a los conquistadores con las palabras.

Y al pie del estribo, el camino, la ilusión y la utopía, vistos por Eduardo Galeano:


"Ella está en el horizonte -dice Fernando Birri-. Me acerco dos pasos, ella se aleja dos pasos. Camino diez pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. Por mucho que yo camine, nunca la alcanzaré. ¿Para qué sirve la utopía? Para eso sirve: para caminar"
 "Ventana sobre la utopía"



https://www.youtube.com/watch?v=rOpVNgjSWNk

Que tengamos un muy buen viaje juntos, un gran año poético. No olviden subir sus poemas al blog.