sábado, 26 de septiembre de 2015

Clase N° 50 - jueves 24 de septiembre de 2015




Este un pequeño resumen de la clase de la Lic. Sandra Pien, dedicada a la poética de Hugo Padeletti, poeta y artista plástico contemporáneo.

Hugo Padeletti – breve autobiografía

Nací en Alcorta, entonces un pequeño pueblito, en 1928. Mi relación con la palabra y con lo visual fue precoz pero yo diría que por suerte no encontré a nadie que me abriera los caminos. No hubo oportunidad de fabricar un pintor o un poeta. Las maestras muy cálidas apenas diferenciaban la prosa del verso. Desde ya los talleres de poesía no existían. No sé cómo por una involuntaria necesidad interna, fui haciendo como la araña que, sin saber cómo, va sacando de adentro el hilo con el que hace su compleja pero ordenada tela de la cual ella misma, si pudiera contemplarla a distancia, se asombraría. Así seguí hasta ahora. Fue importante, desde ya, la muy buena lectura y, ya casi maduro, la amistad y la enseñanza de maestros como Arturo Fruttero y Juan Grela.

En 1959 publiqué en Buenos Aires en la Editorial Cármina dedicada exclusivamente a poesía, dirigida por Sofía Maffei y asesorada por Ricardo Molinari, una pequeña selección (17 poemas) que titulé simplemente Poemas. Años después el Buho Encantado me publicó una hermosa, pequeña edición de 12 poemas con presentación de Angélica Gorox|discher. El libro por el que alcancé reconocimiento nacional fue Poemas 1960-1980 que publicó la Universidad Nacional del Litoral. Luego aparecieron poemas míos y una importante entrevista en el número 1 del Diario de Poesía y en números posteriores pude comprobar, con inesperado agradecimiento, que 'le tout Buenos Aires' había leído y valorado mis poemas. Siguieron Parlamentos del Viento (Rinzai, 1989), la Obra Reunida en tres tomos 'La Atención' que publicó también la Universidad del Litoral y que incluye parte de mi obra plástica y por último Dibujos y poemas 1950-1965 (Editorial Áncora, 2004). Publiqué poco en diarios y revistas. Obtuve el premio Boris Vian al mejor libro del año por Parlamentos del Viento y hace poco la Beca Guggenheim.

Estilo poético

Su poesía es metafísica, conceptual. Suele cerrar sus ideas en el final de cada poema. Padeletti es un místico, ligado a las tradiciones hindúes, budistas.

El concepto es una representación mental de un objeto. Desde el punto de vista filosófico, es la unidad más básica de toda forma de pensamiento humano. A través del concepto se experimenta y se forman las ideas.

Ars poética

Veremos algunos fragmentos de un reportaje publicado en febrero de este año en el suplemento Ñ del diario Clarín.


“–La atención y la distracción son cosas complementarias, son dos polos en la misma línea. Si uno tiene una atención demasiado extrema y racional, no puede escribir poesía, y si uno se va al otro extremo tampoco sirve porque lo que sale es caótico. Hay que encontrar un punto en el medio, una zona de “lucidez blanda abierta”: lograr eso es medio milagroso. La inspiración es algo que viene de arriba, algo que te cae. En el fondo no es ningún milagro, es todo explicable, pero se lo suele experimentar como algo milagroso. Hay que dejar abierta la entrada y estar a la vez consciente para ir controlando lo que va y lo que no va. Si uno no deja abierta la entrada, la inspiración no fluye y uno se pone muy “constructivo”, está cortando esa “fluencia”. Lo ideal es encontrar el punto justo entre la apertura y el control.

–Yo tengo una tendencia hacia las formas cerradas. Tengo cierta dificultad para valorar debidamente a poetas que se inclinan por tender un hilo que nunca termina, que nunca se cierra. Yo prefiero el poema como un círculo perpetuo, que obligue a volver a leerlo, que haya un enriquecimiento continuo. El poema cerrado da vuelta sobre sí mismo, hay un ida y vuelta. En los poemas largos no hay regreso. Cuando dibujo también tiendo a las formas cerradas.
……
–El ensayo es conceptual y la poesía es simbólica. Si bien muchos poemas míos son conceptuales, están bien “ritmados” y eso los convierte en poesía. El ritmo es anterior a la palabra y a la poesía misma. El ritmo es algo cósmico. Escribir poesía es algo agotador. Si uno no atrapa el instante, la palabra se va ... y se pierde esa posibilidad. Me despierto un montón de veces en medio de la noche, aparece una palabra y … ¡la tengo que escribir! La poesía es una espera importante porque tiene que llegar una gota que pese, bien concreta, sonora, que encaje justo donde tiene que ir. Es algo muy denso lo que uno siente al momento de escribir. Esa espera es como un parto, es algo entrañable. Algún día me gustaría hacer algo de narrativa. Pensé en escribir mis memorias: tengo recuerdos hermosísimos de mi pasado, de mi vida en el campo.”

Esto otro fragmento forma parte de un reportaje publicado este mes en el diario La Nación:
“Creo que mi poesía es bastante conceptual, por eso le doy tanta importancia al ritmo, al fraseo, a todo lo que es música; se hace una especie de Gestalt donde el concepto deja de ser concepto porque adquiere sentido de la totalidad. Con eso yo logro que mi obra sea poética a pesar de ser tan pensada. Pero es pensada porque yo soy así, no lo puedo evitar. Al mismo tiempo es como una poesía escueta porque descubrí lo que era el estilo, cuando era muy jovencito, leyendo una muy mala traducción del inglés del Tao Te King, y fue un deslumbramiento porque me pareció una hermosura. Pensé: "De esto quedó nada más que el hueso". Me pareció maravilloso, era malísima la traducción, pero yo capté el decir mucho con poco. Me gustó eso, y me gustaron también los versos cortitos en los que hay mucha carga detrás. Como que descubrí, antes de ser poeta, el estilo que después iba a ser el mío.”

Por último, veremos el abstract de una ponencia realizada en 2009 en un encuentro organizado por la facultad de Ciencias Sociales y Humanas de la Universidad de Córdoba:

LENGUAJE Y EXPERIENCIA EN LA POESÍA DE HUGO PADELETTI

Gabriela Milone

En el presente trabajo nos proponemos abordar algunos aspectos de la poética de Hugo Padeletti, fundamentalmente en relación a un particular tipo de experiencia estético-mística que se evidencia en su obra poética. Nos centraremos en el libro La atención (Poemas 1960-1980) del poeta argentino, y tomaremos los aportes teóricos de J-P Droit en torno a la noción de experiencia (y especialmente de experiencia filosófica), sobre todo en las características de “experiencia vivida”, de la relación de esta experiencia con un “afuera de discurso”, la referencia a un cierto “plus de vida” que no puede nombrarse y que sin embargo es la fuente y la materia de la que surge el poema. Siguiendo a Droit, podremos visualizar que el tipo de experiencia poética que se da en Padeletti no puede juzgarse por su “duración” (en la medida en que se cifra en el instante de “la atención”), ni por su “complejidad” (puede resultar –e incluso así se lo desea- de lo más simple de lo vivido). De este modo, la poesía de Padeletti corresponde a un tipo particular de experiencia de pensamiento que descompone el conocimiento discursivo para abrirse a la experiencia de (en términos de Heidegger) la “inagotabilidad de lo simple”, al vacío conceptual de la mente en el instante, abierto y suspendido, de la experiencia del mundo.

Recurso

El recurso vinculado con Padeletti es la pregunta retórica.

La interrogación retórica, pregunta retórica o erotema es, dentro de las figuras literarias, una de las figuras de diálogo. Se trata de una pregunta que se formula sin esperar respuesta, con la finalidad de reforzar o reafirmar el propio punto de vista, dando por hecho que el interlocutor está de acuerdo.

Puede presentarse bajo dos modalidades: la interrogativo, si la respuesta solo admite un sí o un no, y el quaesitum, si demanda una respuesta supuestamente más compleja.[


Obra poética

Ya no voy a ocuparme

de la flor del ciruelo,
de la lluvia que cae en el jardín,
de las hojas de jade que palpitan
en el agua de jade.

Me quedo con la impávida ventura
de la taza de té,
con la fresca humedad
de la camelia dibujada.

Ayer es un ciruelo lancinante,
una lluvia que cala el corazón,
un deslumbramiento de jade
que fluye, irreparable,
por el río de jade.

Me vuelvo hacia las formas impasibles
de las flores antiguas del papel,
al amor temperado del laúd,
a la rama de incienso de los clásicos.


Se dice que las sombras del hinojo

cuando se ven de pronto, sobre un lecho
de lajas, figuran el futuro.
La lectura es oscura. Sólo el ojo

que nada espera
ve lo que le espera. Ve la primavera
salpicada de rojo, ve el verano
del piojo y el ratón

–sin goce y sin enojo–, ve el otoño
que desnuda su hueso y, en el beso
de mármol del invierno,
su epitafio, su infierno.


El árbol de la culpa

5

¿Nadie sabe qué es
     el helecho,
este milagro que respira?

¿Nadie sabe qué es
      el gorrión,
que salta en el suelo y se va,
       que vuela en el cielo?

¿Nadie sabe qué es este momento
      de aire como miel,
que ya no es este momento?

Nadie sabe qué es
el corazón que late,
el tiempo que late y combate
y los grandes espacios abiertos,
que palpitan.


7

. . De escogidas, profundas, solitarias
. . . . . palabras he vivido. De los bardos
. . . . . . . . . . . del mundo, las movientes
palabras solitarias.

. . . . . . . . ¿Así podría morir?

Cuando cae la carne de las grandes
. . . . . palabras solitarias,
. . . . . . . . . . . cuando cae la carne
de los frutos –oh carne–

. . . . . . . . estoy adentro.


El Andariego. Poemas 1944 1980

Fondo de Cultura Económica, 2007.


Luz negra

El corazón sangriento
del Abismo,
el Ojo que decide los destinos
esclavos,
se ha labrado su templo hacia lo hondo
del fondo de la luz.
.............. ......Está sentado
para siempre en el trono
de sí mismo,
cuyo recinto regio, emancipado
de todo servilismo,
es siempre, siempre, siempre el mismo Abismo
de luz negra.


Fábula

¿Qué pueden prometernos las vetustas
murallas,
la sumisión, el lento
tenerse de las ruinas?

Yo las veía siempre desde adentro
hasta que en mí la abeja, despertándose,
dijo:
-'Esta miel no es la miel'-
y desertó
de las flores con nombre.



Pero al dejar atrás los colmenares
tasados
(donde el árbol demuestra su razón
en el mango del hacha)

se perdió por el mar, el sumergido
pensamiento del mar
y las mareas
del sentido.


Un pájaro se puede detener

en la punta de un árbol y abarcar
la inmensidad del cielo. Yo también,
sentado frente al muro,
me detengo en la punta
del álamo y contemplo
la inmensidad. La surcan pensamientos
involuntarios. ¿Cuántas nubes
fugaces, cuántas aves
sucesivas!
Y las dejo pasar… y son tragadas
por este espacio inmenso
que soy yo:
sereno, transparente, luminoso
¿quién soy
yo?



 Pulmones

 Siento la vibración
 del aire, la invasora
 y envolvente,
 que se difunde por mi sangre.

 Cómo fluye en mí, ilimitado,
 por la unidad que soy, en este instante
 fugitivo.

 Las bestias están dentro
 cada una en el sueño.
 Solo ella penetra y nos inunda
 de luminosa oscuridad.

 Y siento, en esta noche
 húmeda y penetrante,
 abriéndome y hundiéndome
 en la espesura tan hermosa:

 Vivir es el laurel
 y su sombra negada;

 es entrar en la sombra
 cuando la sombra se avecina.


Del Árbol de la culpa

Los desiertos del polvo me erosionan,
       la ociosidad me enfría, la codicia
               del tiempo me consume
esta íntima luz.


Y fui como el granado, que enrojece
        su savia en la granada,
               como el monje en la celda, que abroquela
su beatitud.


Y ahora que combates con tu chorro
          de sangre, con tus llagas,
                 en el vientre del frío,
me devoran

los desiertos del frío,
           me ahoga la enramada ociosidad,
                  me abisman los reclamos
del pasado.


La Modestia

es una virtud indirecta.
                                       A diferencia
de la violeta
no tolera el abono.

                                        Cautamente,
después de una sutura,
surge un tímido brote que requiere
otra poda, otra usura.


La paciencia

es un arte difícil. Como un cuadro
compone disonancias.
                              Transfigura
     la fragmentación del instante.
                               Su secreto,
la continuidad del alba.

                                No hay secreto
que no sea interior.

                                 Aún en flor
      su encubrimiento prevalece.
¿Qué primavera
       dice su invierno?

                                 La primavera
es.
            Voy a plantar esta almendra
para dar testimonio
             de la paciencia.



Uno escribe poemas

porque está vivo. No se puede
enfriar el Ecuador o derretir
la Antártida; se puede

templar la voz. Las evasivas
palabras
se avienen al pautado molinete

del tiempo. Sin ponerse
fuera de sí - corpóreas,
consteladas -

son éxtasis. Leudante
es el sesgo innombrable
que se refracta: lo no dicho

produce clima, al pensamiento
le brotan yemas, un acento
de lenta languidez

de pronto es instrumento
de rebato. ¡Oh falacia
de ser ajeno, exiguo, vieja muda

que asfixia: la evidencia
despierta te descarta! ¿No es el arte
del plantío en la lluvia, su primicia

de verde dicha? Fugitivos
brillantes en las ramas, alegría
casi sin yo, toda sumida

en el objeto. Instante,
revelación. ¿De qué?
¿Para qué? No hay sujeto

que lo predique. Meta
del anzuelo en el agua
es presentarlo: a veces,

eso pica.



1 comentario:

  1. Ejercicio
    24-sep-15
    Hugo Padeletti
    Recurso pregunta retórica


    Prometeo

    Buscamos
    la sombra de la luna
    en el íntimo arco iris
    de la nieve.

    Rasgamos
    el invisible velo
    de la razón.

    Ansiamos
    lo que está vedado.

    Estaremos despiertos
    temiendo ese hastío que
    nos paraliza?

    Seremos eternos
    sin esa mirada
    helada,
    esquiva?

    Cómo se derrama
    la luz
    en el dorado cáliz
    primigenio?

    Mientras tanto,
    los dioses
    encadenados,
    humillados
    invisibles,
    claman por su vida.

    ResponderEliminar