miércoles, 27 de julio de 2016

Las mujeres somos POETAS

En 2010 di esta pequeña conferencia o más bien charla entre mujeres en una institución, y ante una invitación que me llegó hoy, en la que gentilmente me nombraban como "periodista y poetisa" me parece oportuno copiarla-pegarla en este espacio, porque es un tema de identidad de género. 

Que siga rodando y visibilizándose. 

Sandra Pien 
poeta -periodista - escritora 
- ser humano - planeta Tierra
 (y otras etiquetas que quieran ponernos)
                   
                 






– LAS MUJERES SOMOS POETAS –

DECIRLE A UNA MUJER QUE ES POETISA ES PEYORATIVO
DESCALIFICADOR 
DESPECTIVO


Desde el nacimiento de nuestra literatura, la mujer no tuvo el menor lugar allí como productora de textos. Fue un lugar absolutamente masculino y machista. Y cuando tímidamente logró asomarse a alguna posición, fue como decía Roberto Arlt, por prepotencia de trabajo. Y costó mucho, y sigue costando. 

Especialmente en la Argentina, el término "poetisa" tiene un tinte descalificador, despectivo y peyorativo. Está cargada de desvalorización, las mujeres "poetisas" somos las que escribimos "esos poemitas edulcorados". Tal descalificación la sufrieron profundamente nuestras primeras poetas, Delmira Agustoni y Alfonsina Storni y muchas muchas más. 

Desde hace ya más de 30 años, muchas mujeres que transitamos este quehacer decidimos nombrarnos poetas, somos poetas. No nos sentimos "poetisas", es decir, una versión minusválida de un señor que sí puede hacer tañer, acariciar, pulsar las palabras con verdadero oficio de poeta. 

Somos poetas porque nos lo hemos ganado. Somos pares poetas.

Por varias razones; desde la primera, vinculada con la etimología de la palabra: poeta, -ae (que viene del verbo poieo, hacer) es una palabra que pertenece a la primera declinación de sustantivos en latín, donde el 90 por ciento de los pertenecientes a esa declinación son femeninos. Y precisamente es masculina porque no estaba permitido que las mujeres escribiesen. 

Y por supuesto, otra razón sería el ya innegable lugar que encontró la mujer dentro de la literatura; en especial, en la poesía, para expresarse, desde fines del siglo XIX y todo el siglo XX en adelante. 

Esto que relato no es ya por supuesto una vieja bandera feminista; aquellas valientes abrieron el camino, demostraron que podíamos, ya no es necesario ese lugar de empujar para que nos vean. Ya estamos hace más de un siglo en y aquí. Por eso te lo cuento. No somos más poetisas, desde hace mucho. Pero para las más veteranas, como yo, el ver utilizar todavía esa palabra, que fue (y tal vez siga siendo para muchos) bandera de sorna, ridiculez y tomada de pelo, sigue hiriendo.

Muchas veces, cuando algún despistado al que sin embargo no le veo malicia en la utilización del término y con el que comparto la actividad del quehacer poético me dice "poetisa", le respondo "poeto", que sería lo que correspondería a la herencia del latín para masculino y femenino. 

Y recuerdo una vez en especial, en la que yo estaba por leer poemas, lleno de poetas el recinto de la SADE en la calle Uruguay. Y un poeta, uno, un señor alto que sabía de nuestra lucha chiquita pero válida desde la lengua, me presentó adrede como "eximia poetisa". 
Antes de leer, le pedí por favor que se parase a mi lado. Entonces en voz alta y mirándolo de arriba abajo le dije: es verdad y no puedo negarlo, soy petisa (mido 1.59m) y eximia, bueno, le respondí, si seguimos a Darwin, todos somos ex simios. La platea se distendió riéndose a carcajada limpia, las poetas me aplaudieron, los señores notaron mi enfoque y los que entendieron, también aplaudieron. 

Poetas argentinas maravillosas son por supuesto las dos nombradas anteriormente, y María Elena Walsh, Olga Orozco, Alejandra Pizarnik, Diana Bellesi, Angélica Beatriz Lacunza, Nélida Salvador, Edna Pozzi, Ana María Lahitte, Susana Quiroga, Lucía Carmona, Cecila Glanzmann, Sara Cohen, Paulina Vinderman, Susana Cattaneo, María Ines Ure, Rosa María Sobrón, Susana Villalba, Norma Pérez Martín, Michou Portalé, por sólo nombrar a algunas, pero quedan tantas y tantas; la lista sería larguísima y muy fructífera. 




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